San
Juan de Dios [Montemor o Novo
(Portugal), 1495 – Granada,1550]
En
este Año Santo Guadalupense y de la Misericordia recordar a San Juan de Dios,
es sin lugar a dudas uno de los testimonios más edificantes que ha obrado la
Madre de Dios en este monte santo, para recordarnos a todos la infinita
misericordia de Dios. Religioso portugués, fundador de la
Orden de los Hermanos Hospitalarios, se llamaba Joao Ciudad y llevo una vida
aventurera hasta los 40 años (buhonero, pastor, soldado en los Tercios de Carlos
V), que con ocasión de oír en Granada los sermones de San Juan de Ávila, dio un
cambio radical a su vida consagrándose a
los enfermos y menesterosos. Recorría la ciudad con dos cántaras suspendidas al
cuello, que con su solicitada caridad, fundó el primer hospital de la Orden en
1537, que posteriormente se llamó de San Juan de Dios.
Según
recogen los cronistas del monasterio en 1539:
“Llegó a Guadalupe procedente del
hospital de locos de Granada, donde lo tuvieron internado y donde conoció al
Maestro Juan de Ávila. Costeaba su
viaje, largo y lleno de peripecias, vendiendo haces de leña. Andrajoso,
llegó a la Casa de la Señora, en cuyo templo se ocultó una noche, cuando el
sacristán cerraba sus puertas y corría la cortina de la Virgen. Escondido tras una columna,
rezó a la Virgen la plegaria de la Salve y, al llegar a las palabras
<<Vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos>>, se descorrió
milagrosamente la cortina y pudo contemplar los ojos de la sagrada Imagen,
quien le habló mostrándole a su Hijo desnudo y le dijo: <<Juan, viste a
mi Hijo para que aprendas a vestir a los pobres>>. Sabido el milagro por
el prior, padre Benavides, le tuvo veintidós días ayudando en los hospitales de
Guadalupe con el hábito de donado, -que seguiría vistiendo durante muchos años.
Juan marchó a Granada, donde puso en prácticas el mensaje de Nuestra
Señora, fundando la Orden de Hermanos en una vieja casa, que
él convirtió en Hospital de pobres, ayudado por el prior de los monjes
jerónimos de esta ciudad”.
La
Orden Hospitalaria, fundada por San Juan de Dios, fue aprobada por San Pío V en
1572, en la que sus miembros se obligan, con un cuarto voto, a dedicarse al
cuidado de los enfermos aún a riesgo de la propia vida.


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