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domingo, 21 de agosto de 2016

CLAUSURA DEL AÑO SANTO Y FIESTAS PATRONALES DE LA VIRGEN DE GUADALUPE 2016

Cartel conmemorativo Fiestas Patronales 2016
Se acercan las fechas de celebración de las Fiestas Patronales de la Virgen de Guadalupe que este año, además, coincidirá con la clausura del Año Santo Guadalupense 2015/2016.

Días de intensa religiosidad en los que muchos peregrinos se acercan a la puebla a rendir homenaje a la Madre de todos. Días en los que la población se prepara para acoger y recibir a esos peregrinos de la manera más cordial y solidaria posible, a sabiendas que muchos de ellos vienen desde muy lejos a cumplir esa promesa realizada, a dar gracias por los favores recibidos, a pedir por aquello o aquellos que son importantes en sus vidas o simplemente a seguir la costumbre, que ha ido pasando de generación en generación, de visitar a la Virgen en estas fechas.

Peregrinos que vienen esperando encontrar calidez, comprensión, amabilidad y empatía hacia sus sentimientos y creencias. Vayamos preparándonos para recibirlos como se merecen y para hacerles su estancia lo más agradable posible. Porque después de más de siete siglos recibiendo peregrinos, tenemos que demostrar que esa experiencia sirve para algo y que sabemos ser un pueblo acogedor y comprensivo con esa gente que se acerca a nuestra población una vez al año, haciendo en ocasiones un gran esfuerzo, no solo físico, sino también económico y todo por venir a ver a quien ha sido el motor espiritual de esta población desde existe, nuestra Madre, la Virgen de Guadalupe. Ayudémosla para que todos los peregrinos que vengan se vayan realmente reconfortados en cuerpo y alma y con más ganas aún de reencontrarse con Ella el próximo año.

Os dejamos el programa de la fiestas patronales, que tendrá su celebración más importante el próximo 8 de septiembre a las 11:00 h. de la mañana, con la celebración de la Misa Pontificial de Peregrinos y la clausura del AÑO SANTO GUADALUPENSE.










viernes, 22 de julio de 2016

UN GUADALUPENSE OLVIDADO: ANTONIO DÍAZ, CABALLERO Y ALCALDE

UN GUADALUPENSE OLVIDADO,
ANTONIO DÍAZ, CABALLERO Y ALCALDE
Antonio Ramiro Chico.

Desde su propio nacimiento la Guardia de Honor de Nuestra Señora tuvo como principal fin reavivar entre sus miembros la devoción intensa y práctica que en el transcurso de los siglos guardaron siempre nuestros mayores, así como divulgar los valores histórico-artísticos de este Patrimonio de la Humanidad, por eso creemos oportuno dar a conocer en este Año Santo Guadalupense a uno de sus hijos más preclaros.

Por este motivo, la Real Asociación de Caballeros de Santa María de Guadalupe quiso  dedicar sus LXXXVI Jornadas de Hispanidad, 2015 a Antonio del Rosario Díaz Expósito, caballero como el primero de su Virgen y amante de su Villa y Puebla, que a pesar de los momentos difíciles que vivió durante su gobierno, supo canalizar y gestionar los escasos medios que tenía a su alcance para paralizar varias órdenes que hubieran supuesto la perdida de uno de nuestros mayores patrimonios artísticos y sentimentales, como fueron la recuperación de los tres mantos ricos de la Virgen, así como detener el expolio eminente que se cernía sobre los Zurbaranes y Lucas Jordán.

Tras la exclaustración de los monjes jerónimos (1835) y la Guerra Carlista (1837), parte del monasterio y los hospitales fueron convertidos en fuerte militar, cuya ocupación se mantuvo hasta 1851, consignando la primera visita canónica (1848), el estado deplorable en el que se encontraban todos los edificios  religiosos del monasterio, muchos de los cuales urgían una inmediata restauración ya que corrían peligro de derribarse, por lo que el párroco vitalicio, fray Cenón Cabanillas y el Ayuntamiento elaboraron en 1849 una exposición en la que se consignaba que el Camarín , la Capilla de las Reliquias y Santa Catalina necesitaban urgentemente actuar sobre ellas y que gracias a la generosidad de las mujeres se ha podido barrer el templo, coser y componer lo mas preciso de sus ornamentos y los vestidos de la Santísima Virgen, así como alumbrar el Santísimo Sacramento, gracias a una suscripción popular entre los vecinos, tal como recoge la circular remitida al carnal arzobispo de Toledo[1].

Aunque hubo un hecho anterior que marcó un antes y un después en la conciencia colectiva de esta Villa y Puebla con motivo del expolio de los tres mantos ricos de la Virgen, cuando el General Espartero, regente del Reino, ordenó por una Real Orden, de 29 de noviembre de 1842, distribuir los tres mantos que se encontraban depositados en la Casa de la Moneda de Madrid de la siguiente forma: el Manto Rico, llamado de la Comunidad, a Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza; el Manto de Isabel Clara Eugenia, a Nuestra Señora de Atocha de Madrid y el  Manto de la Cenefa Marrón o tercero, al Santuario de Nuestra Señora de los Desamparados en Valencia, el cual fue devuelto inmediatamente por los valencianos a Guadalupe[2].

Esta devolución removió la conciencia y el fervor de los guadalupenses con su alcalde a la cabeza, don Antonio Díaz[3], quien aupado por el vecindario se dirigió a S.M. la reina Isabel II, con fecha de 20 de octubre de 1844, solicitándole y suplicándole tuviera a bien devolver los vestidos de  Nuestra Señora de Guadalupe, propiedad de este Santuario y de su devotísima imagen. Gracia que concedió S.M. según la Real Orden favorable de 20 de diciembre de 1844 de cuyos trámites se había encargado el entonces Diputado a Cortes por Trujillo, Antonio Pérez Aloe y el comisionado Felipe San Martín:

“En la Villa de Guadalupe a primero de Febrero de mil ochocientos cuarenta y cinco, reunidos los Señores del Ayuntamiento constitucional de la misma, en sesión ordinaria en las casas consistoriales, entre otras cosas acordaron: Que en atención a haber acudido con reverente esposición a S.M. la Reyna Ntra. Señora en solicitud de que se devolviesen a esta Santísima Virgen, los dos mantos que de su propiedad regalo el Exurgente del Reyno a las de Atocha y del Pilar, a que ha tenido a bien S.M. acceder según su real resolución que se conserva en este Ayuntamiento, en la necesidad de nombrar  los comisionados o comisionado que practicare las subsiguientes diligencias hasta conseguir el reintegro de aquellos, la municipalidad tubo a bien apoderar al efecto y en debida forma a D. Felipe San Martín, vecino de la villa y corte de Madrid, quien después de aceptar el cargo principió a practicar cuantas diligencias ha creído necesarias en unión y de acuerdo con el Sr. Diputado D. Antonio Pérez Aloe, de quienes hasta esta fecha se han recibido las más satisfactorias comunicaciones en términos de hallarse ya en poder del primero el precioso vestido que se hallaba en el Santuario de la Virgen  de Atocha. Y como a dar esta grata noticia manifesté que tanto para pago de las diligencias obradas cuanto para el viaje a Zaragoza y práctica de las que haya necesidad de obrar en este punto, necesite intereses el Ayuntamiento, deseoso de conseguir la adquisición de unas alajas tan preciosas, ha tenido por conveniente que desde luego se pongan a disposición de expresado Sr. Martín sesenta duros sin perjuicio de hacerlo de las cantidades que justamente haya que satisfacer según la cuenta que al efecto debe presentar dicho señor, y como para el efecto no tenga el Ayuntamiento recursos de que poder disponer para su fin tan justo, a acordado que en atención a hallarse en instante quinientos sesenta y dos reales pertenecientes al fondo de contribución ordinaria repartida y cobrada en el año anterior, según el rebajo echo por la oficina, se adjudique a este efecto, y que don Francisco Aranda, administrador de la capellanía de libre presentación que usufrutuó D. Manuel [Gueireo]  rinda cuenta y ponga a disposición del Sr. Presidente la cantidad que resultare en su poder así como lo hará el presente secretario, por las de igual clase que usufrutuó, D. José María Audixe y por último, que en atención a que en poder del Sr. Cura Ecónomo de esta Parroquial Iglesia se hallan algunos intereses pertenecientes a la Sta. Imagen, se le pase oficio de atención para que en caso de necesidad ponga a disposición de dicho Sr. Alcalde las quesean; todo sin perjuicio y con calidad de reintegro caso necesario, así como de arbitrar cualesquiera otra cantidad que pueda necesitarse, autorizando a su m. para que se entienda con dicho apoderado, y poniendo en conocimiento de la municipalidad cualesquier circunstancia notable en el particular. Así lo acordaron, mandaron y firman de que yo el secretario certifico”[4].


Tal fue el éxito de la encomienda, que el 9 de febrero de 1845, ya estaba en poder de Don Felipe San Martín el Manto Rico de la Comunidad, depositado en el Pilar. Días más tarde, 28 de este mes, partía de la Corte el guadalupense, Francisco Meseguer, capitán del Regimiento de Cazadores de la Reina, con los dos mantos ricos de Nuestra Señora, escoltados por numerosos soldados con los honores que merecían dichas piezas sagradas, únicas dentro del bordado suntuario. El día 4 de marzo, la comitiva llegó a Carrascalejo, desde donde Messeguer lleno de emoción y orgullo, comunicó al Alcalde de Guadalupe, Antonio Díaz lo siguiente: “Entre [las] tres y cuatro de la tarde, llegaré a esa con los dos mantos de la Virgen”.

Si ya la noticia de recuperar los mantos había provocado en el vecindario enorme satisfacción y alegría al saber que de nuevo su excelsa Virgen volvería a lucir en sus fiestas de septiembre esos vestidos sagrados, la proximidad de contemplarlos de nuevo, hizo que la Villa y Puebla saliera a recibirlos como si de majestades se tratara, con el alborozo y el corazón henchido:

“Todo el camino estaba cubierto de almas, decía el Alcalde en carta escrita a raíz del suceso a D. Antonio Pérez Aloe. Llegaron al sitio designado en medio de repetidas y continuadas salvas y con los vivas de costumbre; y descargados que fueron los cajones, arengué a la concurrencia que sin dejarme concluir, hería los aires con sus gritos y vivas, sin poder contener el torrente de lágrimas que inundaban sus ojos. Enseguida se hicieron cargo de los dos cajones ocho sacerdotes para conducirlos con sus [propios] brazos al Santuario. Así marchando, al llegar a la población, entonaron el salmo de la Virgen [Magnificat], hasta la Iglesia, en donde, colocados los dos cajones en la grada principal del altar mayor, se cantó por los músicos una Salve a María Santísima… Tanta era la concurrencia, prosigue el Alcalde, que ni el Templo se cabía: Describir a V. todas las particularidades, tocaría en lo infinito. ¡Jamás conocí un entusiasmo y regocijo tan general” [5].

Tal acontecimiento fue como un milagro, que los guadalupenses quisieron iluminar con fuegos artificiales y otros festejos para conmemorar este hecho que supuso el despertar de todo un pueblo, que siempre, creció y vivió en torno a su Virgen y su Santuario.

Aunque en la casa del pobre, las alegrías suelen durar poco y así fue, pues las leyes desamortizadoras de 1835 consiguieron que una parte de los bienes de la Iglesia pasaran a formar parte de los museos del Estado. Además, la creación en 1844, de las Comisiones Provinciales de Monumentos tenía por objeto crear y formar los futuros museos provinciales.

Apenas si había pasado un mes del histórico acontecimiento de los mantos, cuando nuevamente otro guadalupense, Antonio Audije, escribe desde Cáceres el día 14 de abril, al Alcalde, Antonio Díaz, comunicándole lo siguiente:

“Según tengo entendido, va a salir de un día para otro un comisionado a recoger lo que mejor parezca, para formar aquí un Liceo (Museo). Debo advertirte que se trata de tocar el Camarín y no sé a qué más. No hay que dormirse”.

De nuevo la cruda realidad volvía a golpear a este pueblo, máxime cuando el día 18 de abril ese fiel guadalupense, comunicaba que al día siguiente, el Comisario del Gobernador Civil de la Provincia partía para la Villa y Puebla, con el objeto de trasladar no sólo los cuadros y esculturas del Camarín, sino también los Zurbaranes de la Sacristía, libros cantorales y otros objetos de la Iglesia.

Sin arredrarse y con la templanza necesaria recibió Antonio Díaz y toda su corporación, el día 24 de abril, al comisionado del Jefe Político de la Provincia, Plácido Suárez Valdés, quien le manifestó las órdenes que le traían a Guadalupe, a lo que el ilustre y épico Alcalde le contestó que entre sus atribuciones constitucionales no figuraban permitirle y mucho menos autorizarle el llevar a cabo el expolio de los cuadros y demás piezas artísticas, todas, propiedad de la Iglesia Parroquial de Guadalupe.

Viendo la reacción del propio Suárez, el Ayuntamiento elevó una exposición a S.M. la Reina Isabel, suplicándole derogara la orden recibida y manifestándola la protesta de todo el vecindario por el tal pretendido despojo, que tan ligeramente quería llevar a cabo el Sr. Gobernador Provincial de Cáceres, recurriendo de nuevo a las buenas artes del comisionado Felipe San Martín, aunque no fue al único que recurrieron, mandando igualmente escrito a don Rafael Tejeo Díaz, pintor y académico de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, al propio Messeguer  y sobre todo a don Antonio Pérez Aloe, quién no dudo en marchar hasta Cáceres para hablar personalmente con el Gobernador, consiguiendo retirar al funesto comisionado, quien herido de soberbia lanzaba dardos por todas partes, aunque como diríamos ahora, hubo una silenciosa guerra de despachos y superiores, llamando la atención la inesperada resistencia que mostró dicho Ayuntamiento.

Pues como bien dice, el erudito fray Germán Rubio, “todo se estrelló contra la serenidad y firmeza del Alcalde D. Antonio Díaz, quien, en uno con su digno Ayuntamiento, los contestaba desestimando cuantas razones se aducían, y escudándose en la exposición y protesta levantadas a su Majestad contra aquella orden”.

Las gestiones fueron tan eficaces que el 4 de mayo de 1845, según comunicaba el diligente Felipe San Martín, el Gobierno “había mandado informar a ese Sr. Jefe Político [de Cáceres], suspendiéndose entretanto todo procedimiento, por consecuencia, ese Comisionado debe retirarse hasta nueva orden”, quién llegó a Cáceres hecho un verdadero volcán, según el propio Audije, manifestando que el día que llegaron los vestidos “se vitoreo hasta el mulo que los había conducido”[6].

Casi un año después, el 23 de abril de 1846, la Real Orden firmada por S.M. Isabel II llegó a Cáceres comunicando al Sr. Gobernador Civil, “que no se remuevan los cuadros existentes en el Camarín de la Virgen y Sacristía del ex-Monasterio de Gerónimos”, ordenando “que los cuadros referidos continúen en el lugar que hoy ocupan”, sería por ello, que varios meses más tarde el 7 de junio, el nuevo alcalde, José de la Varga con varios miembros de su gobierno acordaron  “se haga inventario de los cuadros que hay en el Camarín y Sacristía de este ex-Monasterio con intervención del Ayuntamiento y Sr. Cura Párroco”, siguiendo las indicaciones del oficio recibido por parte del Jefe Político de la Provincia[7].

Estos hechos provocaron el despertar no adormecido de la devoción de Nuestra Señora, en primer lugar por su querida puebla y posteriormente, por sus peregrinos y devotos. Fue el celo y la autoestima de todo un pueblo, que durante casi cinco siglos no había tenido responsabilidad de gobierno y será a partir de este momento cuando su tutela se empiece a dejar sentir.

Una muestra de ese amor y devoción que los guadalupenses sentían por su Virgen y su Santuario fue la donación que hizo el  Ayuntamiento en 1852 de su custodia de plata, con la que la Villa hacia la procesión del Corpus todos los años la Dominica infraoctava de aquella festividad, la cual según el padre Germán Rubio aún se conservaba en 1929 y que bien  pudiera ser la custodia barroca del siglo XVIII de orfebre salmantino, denominada del Corpus, de pie octogonal y peana plana sobre la que se alza una esfera, en la que apoya un ángel que recibe en sus brazos el sol, enmarcado éste sobre una nube de querubines de la que se desprenden ráfagas de rayos[8].

Como nunca es tarde si la dicha es buena, queremos presentar la figura de uno de nuestros mayores, que nos precedió  en el amor y entrega a Nuestra Señora, cuyo nombre y cargo bien merece formar parte de la memoria colectiva de esta Puebla y Villa, al menos en su callejero, por lo que solicitamos desde este blog de la Comisión del Año Santo al Excelentísimo Ayuntamiento de Guadalupe tenga a bien reconocer los servicios y méritos de este insigne guadalupense.



[1] A.M.G. Legajo 158: Carta del Ecónomo vitalicio Fr. Cenón Cabanillas Herrero y Ayuntamiento: Domingo Audije, Alfonso Aguado, Juan Santos Collado, José de la Varga, Gregorio Ledesma, Domingo Cárdenas, Antonio Carrascalejo, Jerónimo Rubio, Jerónimo Poderoso y Francisco Rodríguez Solano, dirigida al cardenal Arzobispo de Toledo, 4 de agosto de 1849.
[2] RUBIO, Germán, ofm., Obr. cit. pp.496-497.
[3]A.M.G. C-210, fol. 308: Antonio del Rosario Díaz Expósito, nació el 7 de octubre de 1810, siendo sus padres Francisco y María Catalina de la Encarnación, todos naturales y vecinos de esta villa. Casó el día 27 de enero de 1833, con la guadalupense Teresa Pérez de Rojas (A.M.G. C-49, fol. 381 vto). Falleció a la edad de 52 años, el día 23 de junio de 1863,  ejerciendo el cargo de Juez de Paz, habiendo dejado dispuesto que su entierro y honras fueran de la mayor solemnidad, tal como se hizo con su mujer e hijas, que se le apliquen las 30 misas de San Gregorio...que se le de a los cuatro que conduzcan su cadáver al sepulcro medio duro, que se de, como manda a la Virgen María Santísima de Guadalupe, a la Iglesia cinco mil reales y a los pobres se reparta por sus albaceas la cantidad de dos mil reales, que también se entregue a los albaceas la suma de quinientos reales para cumplirlos en obsequio de las imágenes que están en la Pasión…Instituyendo por herederos a partes iguales a sus cuatro hermanos: Pedro, María Antonia, José y Tomasa Díaz, siendo el primero y el último vecinos de Santa Amalia y los otros dos de esta villa (AM.G. C- 233, fol. 63 vto.)
[4] A.Mu.G. Cuaderno 14: Libro donde se escriben los Acuerdos del Ayuntamiento en las Sesiones del presente año, 1845. Acta de Acuerdo sobre vestidos de Ntra. Sra. fol. 1
[5] RUBIO, Germán, Obr. cit. pp. 497-498.
[6] RUBIO, Germán, Obr. cit. p. 499.
[7] A.Mu.G. Cuaderno 15: Libro de Acuerdos para el presente año de 1846. Acuerdo de 7 de Junio.
[8] TEJADA VIZUETE, Francisco, Real Monasterio de Guadalupe. Plata, Bronce y otras muestras de artes aplicadas. Mérida, 2007, pp.69-70 y  “La Orfebrería en Guadalupe”, en Guadalupe: Siete siglos de fe y de Cultura. Arganda del Rey, 1993, pp.414-415.

lunes, 9 de mayo de 2016

SAN JUAN DE RIBERA, PEREGRINO EN GUADALUPE

San Juan de Ribera (Sevilla, 1533 – Valencia, 1611)

El pastor evangélico de la Iglesia española, Juan  de Ribera, nació en el seno de una nobilísima familia. Su padre fue don Pedro Afán Enríquez de Ribera y Portocarrero, virrey de Cataluña y posteriormente de Nápoles. Huérfano de madre, Teresa de los Pinelos, en los primeros años de su vida. Recibió una esmerada educación, que costeó íntegramente su padre, en Salamanca, donde ya dio muestra de perfección y santidad, espíritu de penitencia, desprendimiento a favor de los pobres.

Después de una cuidada y selecta preparación, fue ordenado sacerdote y se doctoró en 1557, siguiendo las normas de vida, enviadas por Juan de Ávila y las prácticas de penitencia y de más estricta observancia de Pedro de Alcántara, al que consultaba las cosas del espíritu.

Pronto su fama de santo llegó hasta la Corte y Felipe II, a pesar de su juventud (29 años) le propuso para Obispo de Badajoz, aunque Juan se sentía indigno, terminó aceptando por obediencia la voluntad de Dios, consagrándose en Sevilla en 1562.

Como verdadero y buen pastor Juan de Ribera visitó todas las parroquias de la Diócesis y comprobó la necesidad de formación religiosa que tenía el pueblo, piadoso pero poco evangelizado.

Su fama voló fuera de su propia diócesis hasta llegar a Roma, donde Pío V vio en él el modelo de prelado que quería para la Iglesia tridentina, por lo que le nombró patriarca de Antioquia. Su conocimiento exhaustivo de la Baja Extremadura, debió infundirle la devoción de la Virgen de Guadalupe, tenida por los extremeños como su verdadera Patrona, aunque muy pocos datos podemos aportar en su peregrinación al Santuario, cuya fama y devoción estaba ya extendida por toda España y el Nuevo Mundo.

Su paso por Guadalupe consta en una rara obra titulada “Viaje a Jerusalén”. Sevilla, 1606, conservada en la Biblioteca Nacional, aunque seguramente, en más de una ocasión, como Obispo de Badajoz subió a visitar a la Señora de las Villuercas, especialmente antes de partir para la sede arzobispal de Valencia.

Su halo de santidad creció aun más al final de su vida, cuando acepto con alegría la enfermedad. Al recibir el Santísimo Sacramento, se bajó de la cama y lo adoró de rodillas, pidiéndole perdón por haberlo hecho venir a su morada. Murió santamente el 6 de enero de 1611.

jueves, 31 de marzo de 2016

SAN JUAN DE AVILA, PEREGRINO EN GUADALUPE

San Juan de Ávila (Almodovar del Campo, 1500 – Montilla, 1569) maestro, predicador apostólico y consejero de santos, la mayoría romeros de Santa María de Guadalupe, fue hijo de una acaudalada familia. Su padre, Alonso de Ávila, de origen judío y de Catalina Xixón, muy cristianos y piadosos, que sentían una gran devoción por Santa María de Guadalupe, a la que visitaban con frecuencia por ser una imagen de grandísima devoción en España.

Ya desde su más tierna infancia Juan de Ávila da muestra de espiritualidad, sacrificio y entrega, desde que se va a Salamanca a estudiar leyes, o en 1520 cuando se fue a estudiar “Artes” en la Universidad de Alcalá de Henares, donde entra en contacto con el humanismo del siglo de Oro español, consigue el título de Bachiller y empezó el estudio de la Sagrada Teología.

Allí conoció a don Pedro Guerrero, posteriormente arzobispo de Granada, donde prosigue su formación teológica alcanzando el grado de Maestro en 1537.

Pero antes, en su camino hacia la santidad, Juan de Ávila, tiene que aceptar la perdida de sus queridos padres. Este hecho luctuoso hace que se entregue durante tres años a la oración y meditación, ordenándose posteriormente sacerdote. Su primera misa, la celebra en Almodóvar del Campo, en honor de sus padres y reparte entre los pobres sus cuantiosos bienes, quedando para sí más que “un vestido de paño bajo”, cumpliendo así su deseo de ir a predicar el Evangelio sin bolsa ni alforja, a los nuevos cristianos del continente americano.

Pero como los caminos de Dios son inescrutables, Juan de Ávila, no pudo embarcar por orden del Arzobispo hispalense y gran inquisidor, don Alonso Manrique, teniendo que quedarse “en las Indias del Mediodía Español”, donde traba una profunda amistad con los dominicos de Sevilla.

A pesar de ello, Juan no se desanimaría y lleva a cabo su maravillosa obra sacerdotal, predica tanto al clero como al pueblo encendiendo las almas y corazones de todos los que escuchan, llevando templos, plazas públicas, calles, hospitales, a todos lanza su palabra, como lluvia, con paz y verdad, como dardos penetrantes.

Eso le ocurrió a San Juan de Dios en 1537, cuando oyendo su predicación quedó tan tocado y fuera de sí que este mercader se hizo el loco para sentir la humillación y el desprecio de si mismo por su vida anterior. Abrasado por las llamas del divino amor, pedía a Dios misericordia, convirtiéndose desde ese momento en el pastor y defensor  de las personas más miserables y pobres, que recoge en su casa de Granada. De esta forma nace entre el discípulo más amado y el maestro una amistad inquebrantable, guiándole hasta que San Juan de Dios peregrina a Guadalupe.

Juan de Ávila, sufre en 1531, un  proceso inquisitorial por calumnia que le lleva a la cárcel durante un año, lo que le une aún más a Cristo crucificado, en santidad y fortaleza de fe.

Por ello, no tendrá reparo en empezar una y otra vez, prepara misiones a Extremadura, Córdoba, Granada, la Mancha. Funda colegios, escuelas para revitalizar la Iglesia o retirarse a Montilla cuando la enfermedad no le deja, en una modesta y sencilla casa, donde respira pobreza evangélica y espera a la hermana muerte para gozar de la contemplación de la gloria.

En 1946 Pío XII le declara Patrono principal del Clero secular español.

viernes, 26 de febrero de 2016

HERNÁN CORTÉS Y EL EXVOTO DE LA JOYA ESCORPIÓN REGALADA A LA VIRGEN DE GUADALUPE

1
Hernán Cortés
Sin duda, uno de los extremeños ilustres, devotos de la Virgen de Guadalupe y peregrino, fue Hernán Cortés, natural de Medellín.

Si conocidas son sus hazañas en el nuevo mundo con la conquista de Méjico, quizás lo es menos su devoción a la Virgen de Guadalupe, las veces que se encomendó a ella, los regalos o exvotos que le envió y su peregrinación al santuario en 1.528.

Uno de los exvotos (ofrenda que los fieles donan a Dios, la Virgen o los santos en agradecimiento a un beneficio recibido)  más curiosos que Hernán regaló a la virgen fue una joya en forma de alacrán o escorpión que le trajo de Méjico, realizada por orfebres nativos. El regalo fue debido a la milagrosa curación de Hernán Cortés tras la picadura de este animal y encomendarse éste a la Virgen de Guadalupe. 

La primera descripción de la joya se la debemos al prior Jerónimo Fray Gabriel de Talavera en su Historia de Nuestra Señora de Guadalupe (1.507), refiriéndose a él de esta manera:

"...un escorpión de oro, engaste de otro verdadero que encierra. Ofrecióle Fernándo Cortés Marqués del Valle, honra, valor y lustre de nuestra España. Dio ocasión a esta dádiva el milagro famosos, que en su defensa obró Nuestra Señora: habiéndolo mordido un escorpión y derramando tanto veneno por su cuerpo, que le puso en peligro de perder la vida. Puesto en este estrecho, volvió los ojos a Nuestra Señora suplicándole le acudiera en tanta necesidad. Fue su majestad servida de oir su petición, no permitiendo pasara adelante el daño. El famoso capitán, agradecidísimo de la merced, vino de lo más remoto de las Indias a esta Santa Casa, año de 1.528 y trajo este escorpión de oro y el que le había mordido dentro. Es este engaste y pieza de mucho valor, y de maravillosos artificio en que los indios se aventajaron"

Una descripción más detallada, hace el Padre Fray Francisco de San José en su Historia Universal de Nuestra Señora de Guadalupe (1.743):

"...es de oro con algún mosaico azul, verde y amarillo, con 43 esmeraldas muy claras, grandes y hermosas, las más de ellas grabadas con mucha extrañeza y que tiene también 4 perlas, dos colgantes y otras dos presas en las garras del escorpión, añadiendo que este es hueco y tiene dentro el que mordió a Cortés"

Y por último, encontramos un curioso dibujo de la joya en un documento conservado en el Archivo del Real Monasterio de Guadalupe y denominado Inventario de las Alhajas de la Virgen de Guadalupe, anónimo y realizado en 1778. Actualmente se puede ver una copia de esta hoja del inventario en el Museo de la Hispanidad de la Asociación de Caballeros de Santa María de Guadalupe, situado en la Calle Barrero.
Dibujo del exvoto de la Joya- Escorpión que Hernán Cortés regaló a la Virgen de Guadalupe en 1.528. (Inventario de las Alhajas de la Virgen de Guadalupe , 1.778)
Actualmente y tras investigaciones recientes y más antiguas, se desconoce el paradero de esta joya después de la desamortización.

Para quienes queráis profundizar más en el tema, os dejamos dos enlaces:

El primero y más antiguo corresponde a un artículo denominado "¿El Exvoto de Don Hernando Cortés?"´, escrito, e 1.942 por Federico Gómez de Orozco, historiador, bibliófilo, investigador y académico mejicano, nacido en 1.891. De él se ha obtenido el pequeño resumen escrito en este blog.

Enlace: http://www.analesiie.unam.mx/pdf/08_51-54.pdf

El segundo profundiza en la historia de la picadura o mordedura de Hernán Cortés por el escorpión, e incluye una interesante disertación, desde el punto de vista biológico y zoológico en cuanto al animal que pudo herir al conquistador. Se denomina "Hernán Cortés y la joya del alacrán" y está realizado por Xavier López Medellín, Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Nacional Autónoma de Méjico. Actualmente trabaja en el Centro de Investigación y Biodiversidad y Conservación de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

Enlace: http://medellinhistoria.com/data/sections/12/docs/1407259666.pdf

Como veis, más curiosidades sobre Guadalupe, la Virgen y sus peregrinos que seguiremos publicando en este blog dedicado al Año Santo Guadalupense.

martes, 23 de febrero de 2016

EL PUENTE DEL ARZOBISPO Y GUADALUPE


EL PUENTE DEL ARZOBISPO

GRACIA VILLACAMPA, Carlos O.F.M[1].
El Puente del Arzobispo
Madrid, 1924.

“Corría el último tercio del siglo XIV; todavía los jerónimos no habían  tomado posesión del Santuario de Guadalupe que gobernaba  su último prior secular Don Juan Serrano bajo la dependencia del famoso arzobispo de Toledo Don Pedro Tenorio. El gran número de peregrinos que desde las partes de Castilla acudían con frecuencia al Santuario, tropezaban en su camino con caudaloso Tajo que habían de pasar en frágiles barcas y con los consecuentes peligros y dificultades.
Fue el mismo Arzobispo quien tocó estos inconvenientes en sus frecuentes viajes, y ellos le movieron a levantar sobre el Tajo el grandioso puente que inmortalizó su nombre. Todavía, entre los pueblos mayormente beneficiados por aquella grandiosa obra, se conserva la sencilla, y encantadora leyenda que dio origen al Puente del Arzobispo.



Don Pedro Tenorio, Arzobispo de Toledo. Primado de España (1377-1399)

Don Pedro Tenorio hubo de pasar el Tajo en una de sus mayores crecidas; el aspecto del río era imponente, y por otra parte era preciso atravesarlo por la urgencia del viaje. Lucharon los barqueros con las olas y la travesía se hizo con mucha dificultad: en medio de la brega uno de los barqueros se dirigió en espontáneo arranque al Arzobispo, diciéndole: “Señor , si vos quisiérais pronto tendríamos aquí un puente que nos librara de tanto peligro”. –No debía don Pedro pensar por entonces en la construcción del puente, pues tomando su anillo pastoral y arrojándolo al río, contestó al barquero: “Aquí habrá puente cuando ese anillo vuelva a mi poder”.

De vuelta de su viaje, pasado el Tajo, paróse  el Arzobispo  a descansar en una hostería próxima al famoso río, y, llegada la hora de la comida presentáronle  un magnífico pez procedente del Tajo. Al partirlo el Arzobispo, vio con natural asombro que en su interior aparecía el anillo pastoral que pocos días antes arrojara al río antes el requerimiento  del barquero. El hecho se propagó muy pronto entre los moradores de la hostería y por toda la región, y don Pedro Tenorio, viendo comprometida su palabra por tan extraordinario suceso, empezó las obras del puente.

La munificencia de don Pedro Tenorio legó a la posteridad crecido número de grandiosas construcciones que todavía atestiguan el espíritu emprendedor y generoso de aquel prelado. De él dice la Crónica de Don Juan II que “edificó el puente de San Martín de Toledo, y el castillo de San Serván que es encima de la puente de Alcántara, y la puente que dicen del Arzobispo en el camino de Guadalupe, y el Monasterio de Santa Catalina de la Orden de San Jerónimo y la Iglesia Colegial en Talavera y otros muchos edificios en las villas y lugares de su arzobispado”[2].


Puente del Arzobispo, después de su reestructuración efectuada en 1853.

Las obras del puente del Arzobispo se  empezaron en junio de 1383 en terreno de la jurisdicción de Alcolea  de Tajo. Quizá pasó  por allí  dos años más tarde Don Juna I, camino de Portugal, para la desdichada batalla de Aljubarrota, y tanto le agradó la obra del puente, que entonces , o en 1390 según asegura Madoz, concedió toda clase de franquicia a los que viniesen a poblar aquel paraje, al que dio el nombre de Villafranca, que más tarde se convirtió en el actual de Puente del Arzobispo que recuerda a un tiempo aquella grandiosa obra y la generosidad del que la construyó.

Sobre los principios y destino de tan interesante construcción hemos hallado en este Archivo unas cartas autógrafas de don Pedro Tenorio, que publicamos a continuación. Dice la primera[3]:
“Nos, el Arçobispo de Toledo fasemos saber a vos Johan Millán, proveedor de la eglesia de Sancta María de Guadalupe, que Nunno Martines e Alfonso Ferrandes, vesinos de la Puebla de y Guadalupe, venieron a Nos aquí, a la nuestra villa de Talavera a ser abenir con nosotros por la cal que an de faser para la obra de la puente que Nos mandamos faser en Alcolea. E dixéron nos que avían luego menester adelantados trescientos maravedís. E, por quanto los non conoçiamos, non gelos mandamos dar fasta que nos diesen fiadores por ellos. Por que vos rrogamos que los dichos Nunno Martines e Alfonso Ferrandes, dándovos fiadores, por los dichos trescientos maravedis, que nos los servirán e merecerán en la obra de la dicha cal, que los resçibades dellos; e que nos prestedes los dichos tresientos  maravedis e gelos dedes e paguedes a los dichos caleros. E dadles luego recabdo de los dichos maravedis, e  fasedles que partan luego dende en toda manera, a la dicha lauor e non se detengan y. E vos, dándoles los dichos tresientos maravedis, Nos vos los mandaremos luego pagar. E, en esto, nos faredes serviçio e placer.

Fecha en la nuestra villa de Talavera, catorse días de mayo era de mill quatroçientos veynte e uno annos. Petrus, Archiepiscopus Toletanus.

Otrosi, cada noche e cada mannana, faser saber a todos esos romeros en como Dios queriendo, se començará a faser la puente, a reverencia e onor de Santa María de Guadalupe, la primera selmana de junio. Por ende, si ay algunos que quieran venir (a) servir a la dicha puente por sus jornales, que vengan y, asi omes commo mugeres, ca en mejor obra no pueden servir que en esta puente por do pasan los romeros dela Sennora. (Rubrica)”.

Esta carta contiene datos preciosos por lo que se refiere a Guadalupe: en primer lugar es muy significativo que Don Pedro Tenorio acudiese a Guadalupe en busca de maestros caleros para la obra del puente; este hecho atestigua lo perfeccionadas que se hallaban aquí para aquella fecha todas las industrias auxiliares del arte de construir. Aparte de esto, échase de ver en la carta la solicitud y entusiasmo que el prelado ponía en su obra y más importante de la carta, no sólo por hablarnos del gran número de peregrinos que en el siglo XIV acudían al Santuario, sino por asegurar expresamente el arzobispo que el puente se construía “a reverencia e onor de Santa María de Guadalupe” y para comodidad de los “romeros de la Señora”. ¡Bien demostraba su predilección por este Santuario aquel arzobispo de Toledo que seis años más tarde había de confiarlo a la custodia de los jerónimos, que por la piedad y por el arte llegarían a convertirlo en el verdadero santuario nacional!

El 29 de Junio del mismo año de 1383, escribía de nuevo Don Pedro Tenorio a Juan Millán comunicándole que los caleros le habían entregado cuatro hornadas de cal para la obra, e insistiendo en que se llevasen los trabajos con toda actividad. He aquí el tenor de su carta:

“Nos el arçobispo de Toledo fasemos saber a vos Johan Millán veedor de la iglesia de Santa María de Guadalupe, que Pedro Ferrandes  de Villegas contador mayor de nuestro Señor el Rey, nos enbió rrogar  que le diésemos un quintal de fierro e seys libras de asero para lo enviar y, e bien nos ploguiera de vos enviar luego el dicho fierro e asero, salgo porque aun no nos an traído fasta agora el fierro que nos an de traer; pero, diso queriendo, esta selmana será aquí, e vos enbiar por ello a un ome aquí a la nuestra villa de Alcolea, e darselo a Diego Andrés, abat de Sant Viçente de la Sierra, ca Nos le mandamos que diese el dicho fierro e asero al ome que vos enbiásedes por ello. Otrosi saber que de los trescientos maravedis que distes por nuestro mandado a Nuño Martines e Alfonso  Ferrandes, caleros, para que nos diesen cal, que nos an entregado ay quatro fornadas de cal e an merecido los dichos maravedis; por ende dar los a romper el contracto que sobre ssi vos otorgaron destos trescientos maravedis, pues que ya somos dellos entregados en la dicha cal. Otrosi diseronnos que teniendo cogido a soldada a Johan Sánches, yerno de Pedro Martín el çiego para que les ayudase a faser la cal que an de faser para la obra de la nuestra puente, e aviéndole pagado su soldada adelantada de un mes, dis que se fue allá a tener la fiesta de Sant Johan, e que fasta aquí que no es venido; por lo qual, por su mengua, ellos non pueden facer la dicha cal e nuestro servicio non se cumple. Por que vos mandamos que luego en punto, visto este nuesro albalá, le apremiedes que venga  a faser la dicha cal con los sobredichos, e que se non detengan y punto nin mas, porque nuestro servicio sea cumplido. En otra manera, si lo asi faser e complir non quisiere, fasedlo prender el cuerpo e enbiadlo preso e bien rrecabdado a su costa, a los dichos Nuño Martines e Alfonso Ferrandes porque merezcan la soldada que tienen pagada e sirvan con los sobredichos en faser la dicha cal. E non fagades ende al.

Scripta en la nuestra villa de Alcolea XXIX días de junio. Petrus. Archiepiscopus Toletanus”.
El carácter enérgico de don Pedro Tenorio no sufría retrasos en las obras que traía entre manos. Pedro Rodríguez de Burgos, su casero en Toledo, conservó en una de sus cartas interesantes noticias sobre el asunto que nos ocupa; con fecha 12 de Febrero de1384 y constestando a Juan Millán que le había pedido un maestro cantero para que trabajase en este Santuario de Guadalupe, le dice entre otras cosas, lo siguiente: “Otrosy del pedrero que desides que fable con él e vos lo envíe allá, sabed que nuestro señor el Arçobispo que mandó cerrar el taller e que non labre ninguno en él, que todos los pedreros a tomado el Arçobispo para que labren  en la su puente de Alcolea e en  la puente de Guadarrama que manda faser, e en la puente de Sant Martín de aquí de Toledo. E asy sabed que de aquí non podedes aver pedrero nenguno, que sy más obviese, mas serían menester para estas obras que el dicho señor tiene començadas”[4].

La construcción del puente del Arzobispo se concluyó en Septiembre de 1388, según una inscripción conservada por Quadrado, que hace de aquella obra la siguientes descipción: “ Cuatro de sus arcos se añadieron o reedificaron en 1770, compitiendo en solidez con la obra antigua. Sus dos torres se alzan unos cien pies sobre el nivel del río en los tercios del puente, abarcando la anchura de este y abriendo paso a los transeúntes  por bajo de sus arcos ojivales: una escalera interior permitía a los defensores bajar hasta el río para proveerse de agua. Sobre la puerta que mira a la villa se lee esta inscripción en bellos caracteres góticos, en medio de dos blasones del fundador: “Esta puente con las torres della mandó facer el mucho honrado en Christo Padre e Señor don Pedro Tenorio por la gracia de Dios Arzobispo de Toledo. Acabose de facer en el mes de Septiembre del año del Señor de MCCCLXXXVIII año”[5].

Quadrado conservó en su obra un magnífico dibujo del puente tal como se conservaba en su tiempo; en él aparecen las dos magníficas torres con ventanas ojivales, coronadas de almenas y defendidas por salientes barbacanas, siendo a la vez defensa del puente y su mayor ornato. ¡Lastima grande fue que al hacer la nueva carretera Oropesa-Guadalupe, no se respetaran tan hermosas y venerables construcciones; con ello se quitó al famoso puente el sello de la época y el carácter que imprimiera a la obra su generoso fundador don Pedro Tenorio”.



[1] GRACIA VILLACAMPA, Carlos, “El puente del Arzobispo para los peregrinos del Norte”, en revista Guadalupe, 659 (1982), pp.168-171.
GRACIA VILLACAMPA, Carlos, “El Puente del Arzobispo. Don Pedro Tenorio”, en Grandezas de Guadalupe. Madrid, 1924, pp.139-146.
[2] Biblioteca de Autores Españoles. Tomo 68: Crónica de Don Juan II. Generaciones y semblanzas. Cap. XIII, pág. 705.
[3] Va escrita en una hoja de papel de 160 por 325 mm. con este sobrescrito al dorso: “A Johan Millán proveedor de la eglesia de Santa María de Guadalupe, por el Arçobispo de Toledo.
[4] La carta, escrita en papel, mide 365 por 330 mm. El sobrescrito dice: “A Johan Millan teniente logar del prior  en Santa María de Guadalupe, de Pedro Rodríguez casero del Arçobispo de Toledo”. Nótese que mientras el arzobispo llama en sus cartas a Juan Millán veedor o proveedor de la Iglesia de Guadalupe, algunos  meses más tarde se le llama en esta “teniente logar de prior” del Santuario.
[5] Recuerdos y bellezas de España. Madrid. 1853. Castilla la Nueva. Tomo II, p. 455.


lunes, 22 de febrero de 2016

SANTOS PEREGRINOS EN GUADALUPE: SAN PEDRO DE ALCÁNTARA.

San Pedro de Alcántara
-          San Pedro de Alcántara (Alcántara, 1499 – Arenas de San Pedro,1562)

Hijo del licenciado Alonso Garabito y de María Vilela de Sanabria, estudió en Salamanca y en 1515, recibió el hábito franciscano en la Provincia Descalza de San Gabriel, donde fue ordenado sacerdote en 1524, de la que posteriormente fue ministro provincial  (1538-1541).

Asceta y maestro de la penitencia, Pedro de Alcántara cultivó y alimentó la religiosidad de la gente sencilla, a la que trató de formarla para que llegaran a la verdad evangélica, a través de la oración auténtica y vida apostólica penetrando en las entrañas del pueblo, con su pobreza llegó tanto a los humildes y pobres como a los hacendosos y ricos.

“Pedro fue un extremeño que sin ser conquistador fue más famoso que ellos, sólo practicando el Evangelio, llegó a ser patrono, no sólo de Extremadura, sino también del nuevo reino de Brasil. La universalidad de sus obras, fundaciones y hermanos alcantarinos se hizo presente en todos los continentes, desde América a Oceanía, desde Europa a África”.

Fue director espiritual de Santa Teresa de Ávila, quien le retrató de la siguiente manera:
San Pedro de Alcántara y Santa Teresa de Jesús
“…en cuarenta y siete años de fraile jamás cubrió la cabeza ni calzó los pies. En todo este tiempo utilizó un solo hábito. Durante varios años su pitanza fue pan y agua sazonados con ceniza; y en cuarenta años sólo durmió una hora y media cada día, y esto apoyada la cabeza en un maderillo. Era tan extrema su flaqueza que no parecía sino hecho de raíces de árboles”.

Según Torres Tapia el andariego alcantarino llegó a Guadalupe en 1541, cuando hacia la visita como ministro provincial a varios de los conventos de la Provincia de San Gabriel: “...Visitándolo nuestro padre provincial fray Pedro de Alcántara en su paso a la Santa Casa de Guadalupe, siendo prior de aquella Casa fray Hernando de Sevilla”.


Pero además, de ser peregrino de Guadalupe, la espiritualidad de Pedro de Alcántara y obra evangélica se nutrió de las fuentes guadalupense y extremeña, tanto por su lugar de nacimiento como por su propio desarrollo.


viernes, 5 de febrero de 2016

SANTOS PEREGRINOS EN GUADALUPE: SAN JUAN DE DIOS

San Juan de Dios [Montemor o Novo  (Portugal), 1495 – Granada,1550]
  
En este Año Santo Guadalupense y de la Misericordia recordar a San Juan de Dios, es sin lugar a dudas uno de los testimonios más edificantes que ha obrado la Madre de Dios en este monte santo, para recordarnos a todos la infinita misericordia de Dios. Religioso portugués, fundador de la Orden de los Hermanos Hospitalarios, se llamaba Joao Ciudad y llevo una vida aventurera hasta los 40 años (buhonero, pastor, soldado en los Tercios de Carlos V), que con ocasión de oír en Granada los sermones de San Juan de Ávila, dio un cambio radical a su vida consagrándose  a los enfermos y menesterosos. Recorría la ciudad con dos cántaras suspendidas al cuello, que con su solicitada caridad, fundó el primer hospital de la Orden en 1537, que posteriormente se llamó de San Juan de Dios.

Según recogen los cronistas del monasterio en 1539:

“Llegó a Guadalupe procedente del hospital de locos de Granada, donde lo tuvieron internado y donde conoció al Maestro Juan de Ávila. Costeaba su  viaje, largo y lleno de peripecias, vendiendo haces de leña. Andrajoso, llegó a la Casa de la Señora, en cuyo templo se ocultó una noche, cuando el sacristán cerraba sus puertas y corría la cortina  de la Virgen. Escondido tras una columna, rezó a la Virgen la plegaria de la Salve y, al llegar a las palabras <<Vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos>>, se descorrió milagrosamente la cortina y pudo contemplar los ojos de la sagrada Imagen, quien le habló mostrándole a su Hijo desnudo y le dijo: <<Juan, viste a mi Hijo para que aprendas a vestir a los pobres>>. Sabido el milagro por el prior, padre Benavides, le tuvo veintidós días ayudando en los hospitales de Guadalupe con el hábito de donado, -que seguiría vistiendo durante muchos años. Juan marchó a Granada, donde puso en prácticas el mensaje de Nuestra Señora,  fundando  la Orden de Hermanos en una vieja casa, que él convirtió en Hospital de pobres, ayudado por el prior de los monjes jerónimos de esta ciudad”.


La Orden Hospitalaria, fundada por San Juan de Dios, fue aprobada por San Pío V en 1572, en la que sus miembros se obligan, con un cuarto voto, a dedicarse al cuidado de los enfermos aún a riesgo de la propia vida.