GUADALUPE, META OBLIGADA DE SANTOS
“En
ninguna región de la cristiandad
suele
haber tan gran concurso de gente
como
aquí, por devoción y piedad”
(Shaschek,1465)
Desde
que la Virgen María
tuvo a bien manifestarse en este lugar escondido de las Villuercas, junto al
río Guadalupe a finales del siglo XIII, su nombre y devoción corrieron como un
torrente que busca la inmensidad del océano.
Tras
su hallazgo, el pastor Gil Cordero de Santa María, acompañado por sacerdotes de
Cáceres y otras personas, que habían acudido al lugar de la aparición,
levantaron allí mismo una rústica ermita, siguiendo el mensaje profético de
María: “Ca tiempo
vendrá que en ese lugar se haga una iglesia y una casa muy notable y pueblo
asaz grande”.
Sus
constantes prodigios y favores pronto se difundieron por los Reinos hispánicos
y Europa, como lo demuestra la presencia de peregrinos, numerosos y constantes
en su iglesia, que resultaba ya pequeña y estaba bastante ruinosa, según consta
en la bula Dum ad personam, dada
en Avignon el 2 de julio de 1335, por el papa Benedicto XII.
I.
SANTUARIO NACIONAL
El
rey Alfonso XI, que había visitado la iglesia en 1335, deseaba levantar un gran
santuario al Oeste de su Reino, por lo que favoreció la ampliación del templo,
especialmente después de 1340, cuando confió a Nuestra Señora la batalla del
Salado. Conseguida la victoria, el monarca volvió a Guadalupe para dar gracias
y mandó “ensanchar y
ennoblecer con honrados beneficios”, constituyendo el priorato
secular y declarándole de Patronato real, convirtiendo así la pequeña iglesia
en el primer Santuario Nacional.
Años
después, el propio monarca, concedió al prior mediante un Real privilegio, el
28 de agosto de 1348, el Señorío temporal sobre la puebla, dejando así su
condición de realengo a población autónoma sujeta al señorío eclesiástico y
jurisdiccional del prior. También la carta, dada en Cadalso,
manda ensanchar y ennoblecer el templo de Guadalupe, que tras sucesivas
edificaciones llegó a convertirse en el templo gótico-mudéjar que actualmente
existe.
De
esta forma, el Santuario adquiere durante el Priorato secular (1340-1389), un
importante patrimonio espiritual y económico, gracias a las concesiones reales,
el favor de los sumos pontífices, adquisiciones, bienhechores y peregrinos de
la Santa Casa.
Aunque,
esto también generó una serie de conflictos sociales, que irán minando a la
institución, entre otras cosas, porque cada vez se necesita un mayor número de
eclesiásticos para atender el culto, así como los problemas de la iglesia y del
pueblo.
De
esta manera se gestó en 1389, la fundación de la Orden de San Jerónimo en
Guadalupe,
convirtiendo el santuario en monasterio, para lo que se hicieron en el templo
importantes reformas para acomodarlo a la vida monástica, ya que la vida de los
monjes estaba centrada en la oración y
el trabajo.
Durante
más de cuatro siglos (1389-1835) la Orden de San Jerónimo cuidó
de forma extraordinaria el culto litúrgico y rigió con pulcritud y escrupulosidad
todos los servicios y oficios
organizados en torno a la
Santa Casa “para honra y gloria de Dios y de Santa María de
Guadalupe”, haciendo de este lugar de
peregrinación uno de los centros más importantes, por la devoción popular, la
cultura y las artes.
Para
ello se dotó al Santuario de espacios verdaderamente suntuarios: Claustro
Mudéjar o de los Milagros (S.XV), Capilla de San José o Relicario (S.XVI),
Sacristía (S.XVII) y Camarín (S.XVIII), en los que las almas de los peregrinos
buscaron la paz de espíritu y ante la
Señora, bebieron a raudales ansias de santidad.
Al
mismo tiempo, los romeros hallaban sanaciones y cuidados para sus cuerpos
maltrechos y doloridos en los afamados hospitales guadalupenses, en
los que se les atendía sus dolencias físicas durante tres días , dándoles
comida, ropa y calzado.
Todo
esto hizo que la devoción guadalupense, se extendiera en estos siete siglos,
igualmente por tierra que por mar, tanto en el antiguo como en el nuevo mundo,
como lo demuestran las continuas peregrinaciones, sus constantes prodigios y
favores, sus prácticas devocionales, sus templos, ermitas y altares, sus copias
y trasuntos, algunos de incalculable riqueza, que hacen de este topónimo el
nombre más universal que tiene la
Madre de Dios.
A
ello han contribuido, de una forma muy
especial, esa pléyade de Santos que peregrinaron a Guadalupe como hito
destacado en su camino hacia Dios y encontraron en esta Casa de Nuestra Señora
de Guadalupe el yunque de su santidad.
II.
SANTOS EN GUADALUPE
San Fulgencio y Santa
Florentina, Patronos de la
Diócesis de Plasencia
Hermanos
de San Leandro y San Isidoro, ambos fueron obispos de Sevilla. Los cuatros
están relacionados con Nuestra Señora de Guadalupe, los dos primeros en su
antigua leyenda y los otros dos, Fulgencio y Florentina, aunque no peregrinaron
al Santuario extremeño, entonces inexistente, sus nombres están recogidos
también en la antigua leyenda de Santa María de Guadalupe.
Estos
dos últimos acompañaron a la imagen de la Virgen en su huida hacia el Norte, tras la
invasión sarracena de la península en el año 711, siendo ocultados sus restos e
imagen en estas abruptas sierras de las Villuercas.
Todos
ellos proceden de Cartagena (Murcia), aunque emigraron a Sevilla, donde se
establecieron. Los tres varones fueron obispos de Sevilla-Écija y participaron
en los Concilios de Toledo.
Su
padre, se llamaba Severiano, según
afirma Isidoro, al hablar de Leandro, el hermano mayor de la familia: “Leandro, hijo de un padre
llamado Severiano de la provincia hispana cartaginense”. Aunque
algunos han pretendido que Severiano era un duque (dux) de esta provincia e
hijo de Teodorico y padre de Teodora, esposa de Leovigildo y madre de
Hermenegildo y Recaredo, está comprobado que esta teoría no está fundamentada
en datos históricos, todo se reduciría a fábulas o leyendas
Florentina, abrazó
la vida consagrada igual que sus hermanos, profesando en el Convento de Nuestra
Señora del Valle (Écija), llegando a ser abadesa y fundadora de varios
conventos. Era la tercera de sus hermanos y como ellos, siguió el camino de la
fe y de la santidad. Nació en Cartagena hacia 550 y falleció en Sevilla hacia
633, al igual que sus hermanos tuvo gran influencia en la conversión del reino
visigodo, durante el reinado de Leovigildo.
Las
reliquias de Florentina y Fulgencio fueron llevadas por los cristianos que
huían de la invasión musulmana y ocultadas en uno de los valles de las
Villuercas, donde son veneradas por el pueblo de Berzocana.
Fulgencio, sufrió
el destierro sin renegar de la fe que profesaba desde niño. Tanto Leandro como
Fulgencio hicieron valer su ascendencia sobre Recaredo, quien se convirtió al
catolicismo en 589, dentro del III Concilio de Toledo, hecho principal en la Historia de España.
Fulgencio
nació también en Cartagena hacia 540 y falleció en Écija hacia 623. A pesar de que hay
pocas noticias suyas, sabemos que en 610 firma en Toledo como obispo de Écija
(Astigi) y que participó en el Concilio II de Sevilla (619), defendiendo los
intereses de su diócesis frente a los obispos de Málaga y Córdoba.
Invadida
Écija por los musulmanes, según la tradición narra, ambas reliquias , junto con
la imagen de la Virgen
de Guadalupe, fueron trasladadas por los cristianos, siguiendo el camino de la Ruta de la Plata, ocultándolas en las
estribaciones montañosas de las Villuercas. Allí, fueron descubiertas por un
campesino que, arando con bueyes enganchó el arca que contenía las reliquias de
los Santos, el día 26 de octubre de 1223, según la tradición oral, levantando los naturales de Berzocana un gran
templo en honor de ambos Santos, declarados Patronos de la Diócesis de Plasencia.
A
finales del siglo XVI, el obispo de la Diócesis de Cartagena, regida entonces por Sancho
Dávila, entró en pleito con Berzocana, al
querer restituir las reliquias de los Santos a su ciudad natal. La tensión
alcanzó tal grado, que hubo de intervenir el Rey Felipe II, que encomendó al
prior de Guadalupe, fray Gabriel de Talavera, elaborara un informe. En 1593 a la vista de dicho
informe, el rey Prudente mandó quedasen
los cuerpos en Berzocana, aunque dispuso que dos de los huesos mayores,
-después serían cuatro- fueran llevados al El Escorial, de los cuales dos envío
a Cartagena, según carta enviada al prior de Guadalupe en agosto y 9 de octubre
de 1593, dándoles las gracias, al mismo tiempo que prohibía sacar mas huesos
sin licencia suya. El pueblo de Berzocana con una generosidad digna de encomió
costeó en 1610 una elegante capilla en el lado del Evangelio para custodiar
estos Santos cuerpos que fueron colocados en una bella arqueta de plata
sobredorada y ébano, al estilo de las del Relicario de Guadalupe. Todo ello,
contribuyó a aumentar la devoción y a unir aún más los nombres de estos dos
santos con el de Santa María de Guadalupe.
San
Vicente Ferrer (Valencia, 1350 – Vannes (Francia),1419) + 29 de junio 1455
Religioso
dominico, fue profesor en las Universidades de Lérida y Barcelona, donde mostró
sus dotes de sabio orador. Prior, en los conventos de Lérida y de Barcelona y
fervoroso apóstol, predicador en las plazas públicas que llenaba de fieles, no
sólo en España sino en gran parte de Europa.
Hombre
de paz entre los pueblos enemistados, fue penitenciario de Benedicto XIII. Como
buen mediador intervino en el Concilio de Costanza y en la revolución del
pleito dinástico de Aragón, en el famoso compromiso de Caspe, defendiendo la
elección de Fernando de Antequera al trono de Aragón (1410).
Peregrino
de Santa María de Guadalupe, según recoge su biógrafo Andrés de Ferrer:
“Paso a tierra de Extremadura y
llegó al célebre Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, milagrosa hechura
que se apareció en tiempo del rey don Alonso el Onceno. Encontró a dos leguas
de distancia algunas caserías divididas, que las ocupaban judíos y moriscos,
todos hortelanos y labradores. Predicóles y habiéndoles reducido a la verdad de
nuestra fe, les obligó a que viviesen en lugar que hoy se llama Cañamera, que
era población de cristianos”
Esta
visita se produjo siendo prior fray Fernando Yánez de Figueroa, a finales del
siglo XIV, cuando el apóstol de Valencia se postró ante Nuestra Señora de
Guadalupe. Muy cerca, en Cañamero, un grupo de cristianos traídos a la fe por
su predicación, erigieron el templo parroquial en honor de Santo Domingo
San
Juan de Dios (Montemor o Novo, 1495 – Granada,1550) v 1638 + 1690
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| San Juan de Dios. Esmalte del Trono de Nuestra Señora |
Religioso
portugués, fundador de
la Orden
de los Hermanos Hospitalarios, se llamaba Joao Ciudad y llevo una vida
aventurera hasta los 40 años (buhonero, pastor, soldado en los Tercios de
Carlos V), que con ocasión de oír en Granada los sermones de San Juan de Ávila,
dio un cambio radical a su vida consagrándose
a los enfermos y menesterosos. Recorría la ciudad con dos cántaras
suspendidas al cuello, que con su solicitada caridad, fundó el primer hospital
de
la Orden en
1537, que posteriormente se llamó de San Juan de Dios
.