Enrique IV (1454-1474)
Sucedió a su padre Juan II, a
la edad de 29 años (1454), iniciando su reinado con las guerras de Granada y la
reconquista de Gibraltar, aunque las luchas, reconciliaciones e intrigas
siguieron entre los nobles, el privado Beltrán de las Cuevas y los infantes de
Aragón.
A la edad de 15 años se casó
con Blanca de Navarra, a la que terminó repudiando (1453), lo que provocó el consiguiente
alejamiento de Aragón. Una de sus primeras preocupaciones fue restablecer la
alianza con Portugal, que solucionó en parte, casándose con su prima Juana de
Portugal, con la que tuvo una hija: Juana, cuya paternidad se vio cuestionada por
creerla hija de Beltrán de las Cuevas, de ahí el sobrenombre de la “Beltraneja”.
Hecho que provocó un periodo de anarquía, al no reconocerla la nobleza, que
reunida en Ávila, destronó al rey proclamando a su hermano Alfonso (1468), en
la llamada Farsa de Ávila (1465).
Tras la muerte de Alfonso
(1468) y la victoria de Olmedo, Enrique reconoció a Isabel como heredera al
trono, mediante el Tratado de los Toros
de Guisando, pero el matrimonio improvisado entre Isabel y Fernando de
Aragón (1469), violó el tratado, por lo que Enrique IV proclamó a su hija Juana
como la verdadera heredera al trono.
Muerto el rey, comenzó una
guerra civil ente los partidarios de Isabel y de Juana, y supuso además, el fin
de la dinastía Trastámara que quiso terminar sus días en el Santuario más
representativo y querido del Reino de Castilla depositando sus restos junto a
su madre, en el presbiterio, debajo del trono de Nuestra Señora de Guadalupe.
Sus figuras orantes labradas en mármol velan diariamente a la Reina de las
Españas.
Su devoción y afecto está
presente en los 65 documentos (1431-1474) conservados en el legajo 3 que
comprende: 3 de Alfonso; 11 de María de Aragón, incluido su propio testamento y
la donación de sus joyas y los 51 de Enrique, como Príncipe de Asturias y Rey,
en los que se constata los enfrentamientos, repartimiento de armas entre los
partidarios, así como las revueltas y las luchas de esta época. Al igual que
sus antecesores reconoció los beneficios y derechos concedidos al Monasterio,
anuló el proyecto de su hermano Alfonso que pretendía convertir a los monjes
jerónimos en Orden Militar y Guadalupe
en maestrazgo.
Su primera visita a Guadalupe
(1435) fue con su padre Juan como peregrino, por lo que desde la ermita del
Humilladero llegó andando hasta el Santuario, donde fueron recibido por más de
120 frailes. Esta visita dejó marcada su devoción hacia la Señora, a la que ofreció
importantes ofrendas, como una imagen de Nuestra Señora en plata, el llamado
frontal de Enrique IV y el famoso Lignum
Crucis.
En 1464, las crónicas del
monasterio recogen que llegó procedente de Jaén en compañía de su esposa Juana
de Portugal y su hermana Isabel, que contaba 13 años, a la que quería unir con
el rey de Portugal, a lo que la infanta le respondió “no tan ayna, no tan
ayna”.
Cuatro años después (1468),
tenemos de nuevo el rey en Guadalupe a tenor de los documentos que firma,
aunque fue en 1474, cuando cumpliendo su expreso deseo , el cardenal Mendoza
mandó llevar su cuerpo yacente por última vez a Guadalupe para que descansara
junto a su madre.
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