martes, 5 de abril de 2016

LOS HUMILLADEROS GUADALUPENSES: HITOS DE FE Y HUMILDAD EN LOS CAMINOS PEREGRINOS.

Humilladero de la Santa Cruz
Autor del artículo: Antonio Ramiro Chico.

Los humilladeros eran monumentos religiosos o pequeños oratorios, llamados también cruz de término, ya que solían estar situados a las entradas o salidas de los pueblos, en los que se colocaba una cruz o imagen, consistente generalmente en unas gradas de planta circular o poligonal sobre la que se eleva un fuste rematado en nudo, macolla o capitel, que sostiene la cruz, labrada en piedra, aunque también podía ser de forja, cuyo afloramiento se produjo a partir del siglo XIV, éstos podían ser exentos y cubiertos.

Esta antigua costumbre de los reinos de España de elevar cruces conmemorativas de fechas o acontecimientos, o simplemente como testimonio que fomentaba la piedad cristiana, también se desarrolló en Guadalupe como foco importante de peregrinación, en puntos estratégicos de sus caminos, principalmente en el del Norte o de Castilla, en el Sur y en el Oeste o de Portugal, donde por primera vez, el peregrino divisaba el Santuario, lo que elevaba su espíritu, arrodillándose para dar gracias a Dios por ver alcanzada la meta de su peregrinación.

“Como refieren los que van a Jerusalén, que al divisar esta ciudad todos instintivamente gritaban Jerusalén,  Jerusalén, aquí todos al descubrir a Guadalupe, se apean de sus caballerías y de rodillas rezan a veces y con lágrimas una Salve a la Santísima Virgen.”[1]

Estos tres humilladeros o ermitas de Guadalupe: la de la santa Cruz, San Sebastián, hoy san Blas y santa Catalina presentaban características similares en su origen conservando aún una planta abierta de dimensiones similares, con puertas abiertas en casi todos sus lados[2].

1.-Humilladero de la Santa Cruz

Situado en la confluencia de las Villuercas y las Sierras de Altamira sobre el puerto o paso del “Portazgo”, desde donde se contempla, como dijera Lope de Vega, “la grandiosa estampa del Santuario, meta de tan largas andaduras y de tan ásperos caminos”. Levantó fray Fernando Yáñez en 1406 el Humilladero de la Santa Cruz[3], para perpetuar la memoria de los milagros de cautivos donde eran liberados de sus hierros y para que los peregrinos pudieran rezar con más fervor la Salve a la Virgen. 

Humilladero de la Santa Cruz tras la última restauración. Monumento
Histórico Artístico desde 1.931
Bella construcción gótico-mudéjar de sillería y ladrillo que en su centro tuvo un altar y sobre su bóveda de crucería una gran cruz y azulejos polícromos. Por la semejanza que tiene con el Templete del Claustro Mudéjar parece que debe ser obra de Fray Juan de Sevilla[4].

Vistas de Guadalupe bajando del Humilladero de la Santa Cruz
Presenta planta cuadrada con pilares achaflanados en los ángulos y puertas en cada una de las caras rematadas en arco escarzano sobre el que se proyecta en el nivel superior otro arco apuntado y enmarcado en un alfiz, en cuyo interior, se desarrolla una serie de arcos apuntados menores con formas ornamentales circulares de fuerte inspiración floral, cuya solución se proyectará en el XVI sobre el claustro Gótico. Se remata el segundo cuerpo con canecillos lobulados sobre los que descansa la cornisa que sirve de separación entre la pirámide superior o cubierta.

Debido a su valor patrimonial la ermita del Humilladero que recogió los primeros besos y las primeras lágrimas de los peregrinos ha sido restaurada a lo largo de estos cinco siglos en diversas épocas, entre los años 1515 y 1519, sufrió la primera reforma añadiéndola las gradas para la cruz gótica y cubriendo el techo en forma de pirámide con hermosos azulejos[5], siendo la última en el 2009 con motivo del centenario del Patronato de Nuestra Señora de Guadalupe bajo la sabia dirección del arquitecto Antonio José Más-Guindal Lafarga.

2.- Humilladero de San Sebastián, hoy Ermita de San Blas

Antiguo humilladero, situado en el Camino de Mérida o del Sur, dedicado en un principio a San Sebastián tal como se aprecia en el grabado pintado por Antón de Wyngaerde en 1567 para Felipe II[6] y que corrobora unos años después, el padre Talavera en las primeras páginas de su obra dando cuenta de las tres ermitas, vulgarmente llamadas humilladeros, en honra y memoria de la Virgen soberana, de la Santa Cruz, de Santa Catalina y de San Sebastián[7].


Grabado de Anton van den Wyngaerde (1.567)

Como bien afirman Salcedo y Saumell en su estudio comparativo de las tres plantas, el humilladero de San Blas sufrió importante modificación en su planta cuadrangular, adosándole posiblemente más tarde la cabecera cuadrada al lado Este, con el fin de presentar el altar de la imagen titular. También sus portadas abiertas a los cuatro frentes con arcos de medio punto, fueron rebajadas convirtiendo sus arcos en escarzanos, tapiando las dos laterales.

Otros elementos que nos hablan de periodo arquitectónico diferente son los gruesos contrafuertes circulares de la nave principal y de la cabecera, tan del gusto guadalupense, presentando los primeros un elemento distinto, especie de anillo o moldura de ladrillo a la altura de los salmeres de los arcos. También sus bóvedas nervadas presentan un pequeño matiz diferenciador, la de la nave está enmarcada por arcos apuntados, mientras que la del presbiterio está situada a un nivel más inferior. Recorre todo el cuerpo una cornisa sobre la que descansa la cubierta también a cuatro aguas.

Humilladero, inicialmente se San Sebastián, actualmente de San Blas, con
Guadalupe al fondo. Se observa la planta cuadrada inicial  abierta en las cuatro caras y el adosado posterior del presbiterio.
En 1945, el padre Claudio López lleva a cabo la restauración más profunda de la ermita adosándole la cabecera o presbiterio, donde levantó un frontal de altar cerámico hecho en Sevilla en el que se representa una escena del santo con los escudos del Santuario, de la Orden San Jerónimo y San Francisco, obsequio de Francisco de Paula Oliva y Mack y su esposa , donde colocó una imagen de San Blas, regalo del Ministro de la Gobernación, Blas Pérez González; las verjas fueron donadas por Eusebio González y las andas por el ebanista guadalupense, Pedro Guadalupe, la Diputación de Cáceres también contribuyó con 10.000 pesetas con las que se construyó el ramal o camino desde la carretera hasta la ermita[8], instituyendo así la romería de San Blas.

3.-Humilladero de Santa Catalina

Sobre la falta de Pico Agudo, a 760 metros de altitud, se levanta la ermita de Santa Catalina sobre una pequeña meseta, donde confluyen varios caminos, el de Trujillo y Berzocana, así como una vía pecuaria que va desde San Blas a Miramontes[9].

Humilladero de Santa Catalina. También se intuye esa inicial planta cuadrada del humilladero abierta en sus cuatro caras,
cerradas posteriormente dos de ellas y añadida la zona del presbiterio donde estuvo la cuarta.
Este humilladero es obra del siglo XVI, de estilo gótico con elementos mudéjares, mandado construir bajo el priorato de Fray Juan de Siruela (1515-1519)[10]. A semejanza de los anteriores tiene también una planta casi cuadrada con puertas o vanos a las cuatro caras con arcos escarzanos, si bien igual que ocurre en el de San Blas, las dos laterales están tapiadas y sobre la del fondo, se amplió o se desarrolló la cabecera, aunque al exterior parece una sola nave con cubierta a cuatro aguas. Su interior presenta en cambio dos bóvedas, la de la nave es de cañón apuntado, mientras que la del presbiterio es de medio cañón, algo rebajada y a una altura más inferior, lo que denota su posterior desarrollo.

Con motivo de la exclaustración monástica (1835-1908), dichos humilladeros sufrieron el abandono y la desidia por lo que sus muros quedaron grieteados y casi derruidos hasta la llegada de la Orden Franciscana que, en 1967, bajo la dirección de fray Javier Beltrán Arrieta, párroco de Guadalupe, se llevo a cabo dicha reforma, concluyendo felizmente en 1978 con la entronización, en este caso, de la Santa, durante el mandato de fray Daniel Maya García [11].




[1] LEÓN DE GUERRA, Felipe, “Guadalupe en 1815”, en Virgen y Mártir Ntra. Sra. de Guadalupe. Recuerdos y añoranzas. Badajoz, 1895.
[2] SALCEDO HERNÁNDEZ, José Carlos y SAUMELL LLADO, Juan, “Trazados gráficos generadores de los Humilladeros”, en Guadalupe, 840 (2014) 10-15.
[3] ECIJA, Diego de OSH., Obr. cit. p. 123.
[4] HERNÁNDEZ GIL, Dionisio, “Las arquitecturas del Real Monasterio de Guadalupe: su importancia en el patrimonio artístico de Extremadura”, en Modelos arquitectónicos del Real Monasterio de Guadalupe. Sevilla, 2004, p.14.
[5] RODRÍGUEZ GAMINO, Juan José, “El humilladero, un trozo de historia rescatado”, en Guadalupe, 685 (1987), pp.20-21.
GARCÍA, Sebastián., “Guadalupe: Santuario, Monasterio y Convento”, en Guadalupe: Siete siglos de fe y de cultura. Arganda del Rey (Madrid), 1993, pp.58-59.
[6] KAGAN. R.L., (Dir.), Ciudades del Siglo de Oro: Las vistas Españolas de Anton Van den Wyngaerde. Torrejón de Ardoz (Madrid), 1986, pp.342
[7] TALAVERA, Gabriel, Obr. cit. p.9
[8] ANÓNIMO, “Cincuentenario de la restauración de la antigua ermita de San Blas”, en Guadalupe, 731 (1995), p. 26. Se reproduce el texto de la Crónica del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe (Libro 1º (1908-1957) sobre la inauguración de la ermita ya restaurada, el 3 de febrero de 1945. Aunque en el número 326 de El Monasterio de Guadalupe, año 1942, página 45 se nos ofrece un magnífico documento gráfico de la ermita de San Blas antes de su restauración, en la que se aprecia que no existía la cabecera por la luz que traspasa entre el vano de la puerta y el del testero, ambos abiertos.
[9] JORGE VILLA, José Antonio, “Camino de Cañamero a Guadalupe (Ruta de Isabel La Católica) I”, en Guadalupe, 810 (2008), pp.25-26.
[10] RUBIO, Germán, O.F.M., Historia de Ntra. Sra. de Guadalupe. Barcelona, 1926, p.130
[11] JORGE VILLA, J.A. Art, cit., p.26.

jueves, 31 de marzo de 2016

SAN JUAN DE AVILA, PEREGRINO EN GUADALUPE

San Juan de Ávila (Almodovar del Campo, 1500 – Montilla, 1569) maestro, predicador apostólico y consejero de santos, la mayoría romeros de Santa María de Guadalupe, fue hijo de una acaudalada familia. Su padre, Alonso de Ávila, de origen judío y de Catalina Xixón, muy cristianos y piadosos, que sentían una gran devoción por Santa María de Guadalupe, a la que visitaban con frecuencia por ser una imagen de grandísima devoción en España.

Ya desde su más tierna infancia Juan de Ávila da muestra de espiritualidad, sacrificio y entrega, desde que se va a Salamanca a estudiar leyes, o en 1520 cuando se fue a estudiar “Artes” en la Universidad de Alcalá de Henares, donde entra en contacto con el humanismo del siglo de Oro español, consigue el título de Bachiller y empezó el estudio de la Sagrada Teología.

Allí conoció a don Pedro Guerrero, posteriormente arzobispo de Granada, donde prosigue su formación teológica alcanzando el grado de Maestro en 1537.

Pero antes, en su camino hacia la santidad, Juan de Ávila, tiene que aceptar la perdida de sus queridos padres. Este hecho luctuoso hace que se entregue durante tres años a la oración y meditación, ordenándose posteriormente sacerdote. Su primera misa, la celebra en Almodóvar del Campo, en honor de sus padres y reparte entre los pobres sus cuantiosos bienes, quedando para sí más que “un vestido de paño bajo”, cumpliendo así su deseo de ir a predicar el Evangelio sin bolsa ni alforja, a los nuevos cristianos del continente americano.

Pero como los caminos de Dios son inescrutables, Juan de Ávila, no pudo embarcar por orden del Arzobispo hispalense y gran inquisidor, don Alonso Manrique, teniendo que quedarse “en las Indias del Mediodía Español”, donde traba una profunda amistad con los dominicos de Sevilla.

A pesar de ello, Juan no se desanimaría y lleva a cabo su maravillosa obra sacerdotal, predica tanto al clero como al pueblo encendiendo las almas y corazones de todos los que escuchan, llevando templos, plazas públicas, calles, hospitales, a todos lanza su palabra, como lluvia, con paz y verdad, como dardos penetrantes.

Eso le ocurrió a San Juan de Dios en 1537, cuando oyendo su predicación quedó tan tocado y fuera de sí que este mercader se hizo el loco para sentir la humillación y el desprecio de si mismo por su vida anterior. Abrasado por las llamas del divino amor, pedía a Dios misericordia, convirtiéndose desde ese momento en el pastor y defensor  de las personas más miserables y pobres, que recoge en su casa de Granada. De esta forma nace entre el discípulo más amado y el maestro una amistad inquebrantable, guiándole hasta que San Juan de Dios peregrina a Guadalupe.

Juan de Ávila, sufre en 1531, un  proceso inquisitorial por calumnia que le lleva a la cárcel durante un año, lo que le une aún más a Cristo crucificado, en santidad y fortaleza de fe.

Por ello, no tendrá reparo en empezar una y otra vez, prepara misiones a Extremadura, Córdoba, Granada, la Mancha. Funda colegios, escuelas para revitalizar la Iglesia o retirarse a Montilla cuando la enfermedad no le deja, en una modesta y sencilla casa, donde respira pobreza evangélica y espera a la hermana muerte para gozar de la contemplación de la gloria.

En 1946 Pío XII le declara Patrono principal del Clero secular español.

viernes, 26 de febrero de 2016

HERNÁN CORTÉS Y EL EXVOTO DE LA JOYA ESCORPIÓN REGALADA A LA VIRGEN DE GUADALUPE

1
Hernán Cortés
Sin duda, uno de los extremeños ilustres, devotos de la Virgen de Guadalupe y peregrino, fue Hernán Cortés, natural de Medellín.

Si conocidas son sus hazañas en el nuevo mundo con la conquista de Méjico, quizás lo es menos su devoción a la Virgen de Guadalupe, las veces que se encomendó a ella, los regalos o exvotos que le envió y su peregrinación al santuario en 1.528.

Uno de los exvotos (ofrenda que los fieles donan a Dios, la Virgen o los santos en agradecimiento a un beneficio recibido)  más curiosos que Hernán regaló a la virgen fue una joya en forma de alacrán o escorpión que le trajo de Méjico, realizada por orfebres nativos. El regalo fue debido a la milagrosa curación de Hernán Cortés tras la picadura de este animal y encomendarse éste a la Virgen de Guadalupe. 

La primera descripción de la joya se la debemos al prior Jerónimo Fray Gabriel de Talavera en su Historia de Nuestra Señora de Guadalupe (1.507), refiriéndose a él de esta manera:

"...un escorpión de oro, engaste de otro verdadero que encierra. Ofrecióle Fernándo Cortés Marqués del Valle, honra, valor y lustre de nuestra España. Dio ocasión a esta dádiva el milagro famosos, que en su defensa obró Nuestra Señora: habiéndolo mordido un escorpión y derramando tanto veneno por su cuerpo, que le puso en peligro de perder la vida. Puesto en este estrecho, volvió los ojos a Nuestra Señora suplicándole le acudiera en tanta necesidad. Fue su majestad servida de oir su petición, no permitiendo pasara adelante el daño. El famoso capitán, agradecidísimo de la merced, vino de lo más remoto de las Indias a esta Santa Casa, año de 1.528 y trajo este escorpión de oro y el que le había mordido dentro. Es este engaste y pieza de mucho valor, y de maravillosos artificio en que los indios se aventajaron"

Una descripción más detallada, hace el Padre Fray Francisco de San José en su Historia Universal de Nuestra Señora de Guadalupe (1.743):

"...es de oro con algún mosaico azul, verde y amarillo, con 43 esmeraldas muy claras, grandes y hermosas, las más de ellas grabadas con mucha extrañeza y que tiene también 4 perlas, dos colgantes y otras dos presas en las garras del escorpión, añadiendo que este es hueco y tiene dentro el que mordió a Cortés"

Y por último, encontramos un curioso dibujo de la joya en un documento conservado en el Archivo del Real Monasterio de Guadalupe y denominado Inventario de las Alhajas de la Virgen de Guadalupe, anónimo y realizado en 1778. Actualmente se puede ver una copia de esta hoja del inventario en el Museo de la Hispanidad de la Asociación de Caballeros de Santa María de Guadalupe, situado en la Calle Barrero.
Dibujo del exvoto de la Joya- Escorpión que Hernán Cortés regaló a la Virgen de Guadalupe en 1.528. (Inventario de las Alhajas de la Virgen de Guadalupe , 1.778)
Actualmente y tras investigaciones recientes y más antiguas, se desconoce el paradero de esta joya después de la desamortización.

Para quienes queráis profundizar más en el tema, os dejamos dos enlaces:

El primero y más antiguo corresponde a un artículo denominado "¿El Exvoto de Don Hernando Cortés?"´, escrito, e 1.942 por Federico Gómez de Orozco, historiador, bibliófilo, investigador y académico mejicano, nacido en 1.891. De él se ha obtenido el pequeño resumen escrito en este blog.

Enlace: http://www.analesiie.unam.mx/pdf/08_51-54.pdf

El segundo profundiza en la historia de la picadura o mordedura de Hernán Cortés por el escorpión, e incluye una interesante disertación, desde el punto de vista biológico y zoológico en cuanto al animal que pudo herir al conquistador. Se denomina "Hernán Cortés y la joya del alacrán" y está realizado por Xavier López Medellín, Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Nacional Autónoma de Méjico. Actualmente trabaja en el Centro de Investigación y Biodiversidad y Conservación de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

Enlace: http://medellinhistoria.com/data/sections/12/docs/1407259666.pdf

Como veis, más curiosidades sobre Guadalupe, la Virgen y sus peregrinos que seguiremos publicando en este blog dedicado al Año Santo Guadalupense.

martes, 23 de febrero de 2016

EL PUENTE DEL ARZOBISPO Y GUADALUPE


EL PUENTE DEL ARZOBISPO

GRACIA VILLACAMPA, Carlos O.F.M[1].
El Puente del Arzobispo
Madrid, 1924.

“Corría el último tercio del siglo XIV; todavía los jerónimos no habían  tomado posesión del Santuario de Guadalupe que gobernaba  su último prior secular Don Juan Serrano bajo la dependencia del famoso arzobispo de Toledo Don Pedro Tenorio. El gran número de peregrinos que desde las partes de Castilla acudían con frecuencia al Santuario, tropezaban en su camino con caudaloso Tajo que habían de pasar en frágiles barcas y con los consecuentes peligros y dificultades.
Fue el mismo Arzobispo quien tocó estos inconvenientes en sus frecuentes viajes, y ellos le movieron a levantar sobre el Tajo el grandioso puente que inmortalizó su nombre. Todavía, entre los pueblos mayormente beneficiados por aquella grandiosa obra, se conserva la sencilla, y encantadora leyenda que dio origen al Puente del Arzobispo.



Don Pedro Tenorio, Arzobispo de Toledo. Primado de España (1377-1399)

Don Pedro Tenorio hubo de pasar el Tajo en una de sus mayores crecidas; el aspecto del río era imponente, y por otra parte era preciso atravesarlo por la urgencia del viaje. Lucharon los barqueros con las olas y la travesía se hizo con mucha dificultad: en medio de la brega uno de los barqueros se dirigió en espontáneo arranque al Arzobispo, diciéndole: “Señor , si vos quisiérais pronto tendríamos aquí un puente que nos librara de tanto peligro”. –No debía don Pedro pensar por entonces en la construcción del puente, pues tomando su anillo pastoral y arrojándolo al río, contestó al barquero: “Aquí habrá puente cuando ese anillo vuelva a mi poder”.

De vuelta de su viaje, pasado el Tajo, paróse  el Arzobispo  a descansar en una hostería próxima al famoso río, y, llegada la hora de la comida presentáronle  un magnífico pez procedente del Tajo. Al partirlo el Arzobispo, vio con natural asombro que en su interior aparecía el anillo pastoral que pocos días antes arrojara al río antes el requerimiento  del barquero. El hecho se propagó muy pronto entre los moradores de la hostería y por toda la región, y don Pedro Tenorio, viendo comprometida su palabra por tan extraordinario suceso, empezó las obras del puente.

La munificencia de don Pedro Tenorio legó a la posteridad crecido número de grandiosas construcciones que todavía atestiguan el espíritu emprendedor y generoso de aquel prelado. De él dice la Crónica de Don Juan II que “edificó el puente de San Martín de Toledo, y el castillo de San Serván que es encima de la puente de Alcántara, y la puente que dicen del Arzobispo en el camino de Guadalupe, y el Monasterio de Santa Catalina de la Orden de San Jerónimo y la Iglesia Colegial en Talavera y otros muchos edificios en las villas y lugares de su arzobispado”[2].


Puente del Arzobispo, después de su reestructuración efectuada en 1853.

Las obras del puente del Arzobispo se  empezaron en junio de 1383 en terreno de la jurisdicción de Alcolea  de Tajo. Quizá pasó  por allí  dos años más tarde Don Juna I, camino de Portugal, para la desdichada batalla de Aljubarrota, y tanto le agradó la obra del puente, que entonces , o en 1390 según asegura Madoz, concedió toda clase de franquicia a los que viniesen a poblar aquel paraje, al que dio el nombre de Villafranca, que más tarde se convirtió en el actual de Puente del Arzobispo que recuerda a un tiempo aquella grandiosa obra y la generosidad del que la construyó.

Sobre los principios y destino de tan interesante construcción hemos hallado en este Archivo unas cartas autógrafas de don Pedro Tenorio, que publicamos a continuación. Dice la primera[3]:
“Nos, el Arçobispo de Toledo fasemos saber a vos Johan Millán, proveedor de la eglesia de Sancta María de Guadalupe, que Nunno Martines e Alfonso Ferrandes, vesinos de la Puebla de y Guadalupe, venieron a Nos aquí, a la nuestra villa de Talavera a ser abenir con nosotros por la cal que an de faser para la obra de la puente que Nos mandamos faser en Alcolea. E dixéron nos que avían luego menester adelantados trescientos maravedís. E, por quanto los non conoçiamos, non gelos mandamos dar fasta que nos diesen fiadores por ellos. Por que vos rrogamos que los dichos Nunno Martines e Alfonso Ferrandes, dándovos fiadores, por los dichos trescientos maravedis, que nos los servirán e merecerán en la obra de la dicha cal, que los resçibades dellos; e que nos prestedes los dichos tresientos  maravedis e gelos dedes e paguedes a los dichos caleros. E dadles luego recabdo de los dichos maravedis, e  fasedles que partan luego dende en toda manera, a la dicha lauor e non se detengan y. E vos, dándoles los dichos tresientos maravedis, Nos vos los mandaremos luego pagar. E, en esto, nos faredes serviçio e placer.

Fecha en la nuestra villa de Talavera, catorse días de mayo era de mill quatroçientos veynte e uno annos. Petrus, Archiepiscopus Toletanus.

Otrosi, cada noche e cada mannana, faser saber a todos esos romeros en como Dios queriendo, se començará a faser la puente, a reverencia e onor de Santa María de Guadalupe, la primera selmana de junio. Por ende, si ay algunos que quieran venir (a) servir a la dicha puente por sus jornales, que vengan y, asi omes commo mugeres, ca en mejor obra no pueden servir que en esta puente por do pasan los romeros dela Sennora. (Rubrica)”.

Esta carta contiene datos preciosos por lo que se refiere a Guadalupe: en primer lugar es muy significativo que Don Pedro Tenorio acudiese a Guadalupe en busca de maestros caleros para la obra del puente; este hecho atestigua lo perfeccionadas que se hallaban aquí para aquella fecha todas las industrias auxiliares del arte de construir. Aparte de esto, échase de ver en la carta la solicitud y entusiasmo que el prelado ponía en su obra y más importante de la carta, no sólo por hablarnos del gran número de peregrinos que en el siglo XIV acudían al Santuario, sino por asegurar expresamente el arzobispo que el puente se construía “a reverencia e onor de Santa María de Guadalupe” y para comodidad de los “romeros de la Señora”. ¡Bien demostraba su predilección por este Santuario aquel arzobispo de Toledo que seis años más tarde había de confiarlo a la custodia de los jerónimos, que por la piedad y por el arte llegarían a convertirlo en el verdadero santuario nacional!

El 29 de Junio del mismo año de 1383, escribía de nuevo Don Pedro Tenorio a Juan Millán comunicándole que los caleros le habían entregado cuatro hornadas de cal para la obra, e insistiendo en que se llevasen los trabajos con toda actividad. He aquí el tenor de su carta:

“Nos el arçobispo de Toledo fasemos saber a vos Johan Millán veedor de la iglesia de Santa María de Guadalupe, que Pedro Ferrandes  de Villegas contador mayor de nuestro Señor el Rey, nos enbió rrogar  que le diésemos un quintal de fierro e seys libras de asero para lo enviar y, e bien nos ploguiera de vos enviar luego el dicho fierro e asero, salgo porque aun no nos an traído fasta agora el fierro que nos an de traer; pero, diso queriendo, esta selmana será aquí, e vos enbiar por ello a un ome aquí a la nuestra villa de Alcolea, e darselo a Diego Andrés, abat de Sant Viçente de la Sierra, ca Nos le mandamos que diese el dicho fierro e asero al ome que vos enbiásedes por ello. Otrosi saber que de los trescientos maravedis que distes por nuestro mandado a Nuño Martines e Alfonso  Ferrandes, caleros, para que nos diesen cal, que nos an entregado ay quatro fornadas de cal e an merecido los dichos maravedis; por ende dar los a romper el contracto que sobre ssi vos otorgaron destos trescientos maravedis, pues que ya somos dellos entregados en la dicha cal. Otrosi diseronnos que teniendo cogido a soldada a Johan Sánches, yerno de Pedro Martín el çiego para que les ayudase a faser la cal que an de faser para la obra de la nuestra puente, e aviéndole pagado su soldada adelantada de un mes, dis que se fue allá a tener la fiesta de Sant Johan, e que fasta aquí que no es venido; por lo qual, por su mengua, ellos non pueden facer la dicha cal e nuestro servicio non se cumple. Por que vos mandamos que luego en punto, visto este nuesro albalá, le apremiedes que venga  a faser la dicha cal con los sobredichos, e que se non detengan y punto nin mas, porque nuestro servicio sea cumplido. En otra manera, si lo asi faser e complir non quisiere, fasedlo prender el cuerpo e enbiadlo preso e bien rrecabdado a su costa, a los dichos Nuño Martines e Alfonso Ferrandes porque merezcan la soldada que tienen pagada e sirvan con los sobredichos en faser la dicha cal. E non fagades ende al.

Scripta en la nuestra villa de Alcolea XXIX días de junio. Petrus. Archiepiscopus Toletanus”.
El carácter enérgico de don Pedro Tenorio no sufría retrasos en las obras que traía entre manos. Pedro Rodríguez de Burgos, su casero en Toledo, conservó en una de sus cartas interesantes noticias sobre el asunto que nos ocupa; con fecha 12 de Febrero de1384 y constestando a Juan Millán que le había pedido un maestro cantero para que trabajase en este Santuario de Guadalupe, le dice entre otras cosas, lo siguiente: “Otrosy del pedrero que desides que fable con él e vos lo envíe allá, sabed que nuestro señor el Arçobispo que mandó cerrar el taller e que non labre ninguno en él, que todos los pedreros a tomado el Arçobispo para que labren  en la su puente de Alcolea e en  la puente de Guadarrama que manda faser, e en la puente de Sant Martín de aquí de Toledo. E asy sabed que de aquí non podedes aver pedrero nenguno, que sy más obviese, mas serían menester para estas obras que el dicho señor tiene començadas”[4].

La construcción del puente del Arzobispo se concluyó en Septiembre de 1388, según una inscripción conservada por Quadrado, que hace de aquella obra la siguientes descipción: “ Cuatro de sus arcos se añadieron o reedificaron en 1770, compitiendo en solidez con la obra antigua. Sus dos torres se alzan unos cien pies sobre el nivel del río en los tercios del puente, abarcando la anchura de este y abriendo paso a los transeúntes  por bajo de sus arcos ojivales: una escalera interior permitía a los defensores bajar hasta el río para proveerse de agua. Sobre la puerta que mira a la villa se lee esta inscripción en bellos caracteres góticos, en medio de dos blasones del fundador: “Esta puente con las torres della mandó facer el mucho honrado en Christo Padre e Señor don Pedro Tenorio por la gracia de Dios Arzobispo de Toledo. Acabose de facer en el mes de Septiembre del año del Señor de MCCCLXXXVIII año”[5].

Quadrado conservó en su obra un magnífico dibujo del puente tal como se conservaba en su tiempo; en él aparecen las dos magníficas torres con ventanas ojivales, coronadas de almenas y defendidas por salientes barbacanas, siendo a la vez defensa del puente y su mayor ornato. ¡Lastima grande fue que al hacer la nueva carretera Oropesa-Guadalupe, no se respetaran tan hermosas y venerables construcciones; con ello se quitó al famoso puente el sello de la época y el carácter que imprimiera a la obra su generoso fundador don Pedro Tenorio”.



[1] GRACIA VILLACAMPA, Carlos, “El puente del Arzobispo para los peregrinos del Norte”, en revista Guadalupe, 659 (1982), pp.168-171.
GRACIA VILLACAMPA, Carlos, “El Puente del Arzobispo. Don Pedro Tenorio”, en Grandezas de Guadalupe. Madrid, 1924, pp.139-146.
[2] Biblioteca de Autores Españoles. Tomo 68: Crónica de Don Juan II. Generaciones y semblanzas. Cap. XIII, pág. 705.
[3] Va escrita en una hoja de papel de 160 por 325 mm. con este sobrescrito al dorso: “A Johan Millán proveedor de la eglesia de Santa María de Guadalupe, por el Arçobispo de Toledo.
[4] La carta, escrita en papel, mide 365 por 330 mm. El sobrescrito dice: “A Johan Millan teniente logar del prior  en Santa María de Guadalupe, de Pedro Rodríguez casero del Arçobispo de Toledo”. Nótese que mientras el arzobispo llama en sus cartas a Juan Millán veedor o proveedor de la Iglesia de Guadalupe, algunos  meses más tarde se le llama en esta “teniente logar de prior” del Santuario.
[5] Recuerdos y bellezas de España. Madrid. 1853. Castilla la Nueva. Tomo II, p. 455.