Organizada por la Comisión Episcopal de Migraciones y Delegaciones Diocesanas, el próximo día 24 de abril.
domingo, 10 de abril de 2016
martes, 5 de abril de 2016
LOS HUMILLADEROS GUADALUPENSES: HITOS DE FE Y HUMILDAD EN LOS CAMINOS PEREGRINOS.
| Humilladero de la Santa Cruz |
Los humilladeros eran monumentos religiosos o pequeños oratorios, llamados también cruz de término, ya que solían estar situados a las entradas o salidas de los pueblos, en los que se colocaba una cruz o imagen, consistente generalmente en unas gradas de planta circular o poligonal sobre la que se eleva un fuste rematado en nudo, macolla o capitel, que sostiene la cruz, labrada en piedra, aunque también podía ser de forja, cuyo afloramiento se produjo a partir del siglo XIV, éstos podían ser exentos y cubiertos.
Esta
antigua costumbre de los reinos de España de elevar cruces conmemorativas de
fechas o acontecimientos, o simplemente como testimonio que fomentaba la piedad
cristiana, también se desarrolló en Guadalupe como foco importante de
peregrinación, en puntos estratégicos de sus caminos, principalmente en el del
Norte o de Castilla, en el Sur y en el Oeste o de Portugal, donde por primera
vez, el peregrino divisaba el Santuario, lo que elevaba su espíritu,
arrodillándose para dar gracias a Dios por ver alcanzada la meta de su
peregrinación.
“Como refieren los que van a
Jerusalén, que al divisar esta ciudad todos instintivamente gritaban
Jerusalén, Jerusalén, aquí todos al descubrir
a Guadalupe, se apean de sus caballerías y de rodillas rezan a veces y con
lágrimas una Salve a la Santísima Virgen.”[1]
Estos tres
humilladeros o ermitas de Guadalupe: la de la santa Cruz, San Sebastián, hoy
san Blas y santa Catalina presentaban características similares en su origen
conservando aún una planta abierta de dimensiones similares, con puertas
abiertas en casi todos sus lados[2].
1.-Humilladero de la Santa Cruz
Situado en la confluencia de las Villuercas y las Sierras de Altamira sobre el puerto o paso del “Portazgo”, desde donde se contempla, como dijera Lope de Vega, “la grandiosa estampa del Santuario, meta de tan largas andaduras y de tan ásperos caminos”. Levantó fray Fernando Yáñez en 1406 el Humilladero de la Santa Cruz[3], para perpetuar la memoria de los milagros de cautivos donde eran liberados de sus hierros y para que los peregrinos pudieran rezar con más fervor la Salve a la Virgen.
Bella construcción gótico-mudéjar de sillería y ladrillo que en su
centro tuvo un altar y sobre su bóveda de crucería una gran cruz y azulejos
polícromos. Por la semejanza que tiene con el Templete del Claustro Mudéjar
parece que debe ser obra de Fray Juan de Sevilla[4].
![]() |
| Vistas de Guadalupe bajando del Humilladero de la Santa Cruz |
Presenta
planta cuadrada con pilares achaflanados en los ángulos y puertas en cada una
de las caras rematadas en arco escarzano sobre el que se proyecta en el nivel
superior otro arco apuntado y enmarcado en un alfiz, en cuyo interior, se
desarrolla una serie de arcos apuntados menores con formas ornamentales
circulares de fuerte inspiración floral, cuya solución se proyectará en el XVI
sobre el claustro Gótico. Se remata el segundo cuerpo con canecillos lobulados
sobre los que descansa la cornisa que sirve de separación entre la pirámide
superior o cubierta.
Debido a su
valor patrimonial la ermita del Humilladero que recogió los primeros besos y
las primeras lágrimas de los peregrinos ha sido restaurada a lo largo de estos
cinco siglos en diversas épocas, entre los años 1515 y 1519, sufrió la primera
reforma añadiéndola las gradas para la cruz gótica y cubriendo el techo en
forma de pirámide con hermosos azulejos[5],
siendo la última en el 2009 con motivo del centenario del Patronato de Nuestra
Señora de Guadalupe bajo la sabia dirección del arquitecto Antonio José
Más-Guindal Lafarga.
2.- Humilladero de San Sebastián, hoy Ermita de San Blas
Antiguo
humilladero, situado en el Camino de Mérida o del Sur, dedicado en un principio
a San Sebastián tal como se aprecia en el grabado pintado por Antón de
Wyngaerde en 1567 para Felipe II[6]
y que corrobora unos años después, el padre Talavera en las primeras páginas de
su obra dando cuenta de las tres ermitas, vulgarmente llamadas humilladeros, en
honra y memoria de la Virgen soberana, de la Santa Cruz, de Santa Catalina y de
San Sebastián[7].
![]() |
| Grabado de Anton van den Wyngaerde (1.567) |
Como bien afirman
Salcedo y Saumell en su estudio comparativo de las tres plantas, el humilladero
de San Blas sufrió importante modificación en su planta cuadrangular,
adosándole posiblemente más tarde la cabecera cuadrada al lado Este, con el fin
de presentar el altar de la imagen titular. También sus portadas abiertas a los
cuatro frentes con arcos de medio punto, fueron rebajadas convirtiendo sus
arcos en escarzanos, tapiando las dos laterales.
Otros
elementos que nos hablan de periodo arquitectónico diferente son los gruesos
contrafuertes circulares de la nave principal y de la cabecera, tan del gusto
guadalupense, presentando los primeros un elemento distinto, especie de anillo
o moldura de ladrillo a la altura de los salmeres de los arcos. También sus
bóvedas nervadas presentan un pequeño matiz diferenciador, la de la nave está
enmarcada por arcos apuntados, mientras que la del presbiterio está situada a
un nivel más inferior. Recorre todo el cuerpo una cornisa sobre la que descansa
la cubierta también a cuatro aguas.
![]() |
| Humilladero, inicialmente se San Sebastián, actualmente de San Blas, con Guadalupe al fondo. Se observa la planta cuadrada inicial abierta en las cuatro caras y el adosado posterior del presbiterio. |
3.-Humilladero de Santa Catalina
Sobre la
falta de Pico Agudo, a 760 metros de altitud, se levanta la ermita de Santa
Catalina sobre una pequeña meseta, donde confluyen varios caminos, el de
Trujillo y Berzocana, así como una vía pecuaria que va desde San Blas a Miramontes[9].
Este
humilladero es obra del siglo XVI, de estilo gótico con elementos mudéjares,
mandado construir bajo el priorato de Fray Juan de Siruela (1515-1519)[10].
A semejanza de los anteriores tiene también una planta casi cuadrada con
puertas o vanos a las cuatro caras con arcos escarzanos, si bien igual que
ocurre en el de San Blas, las dos laterales están tapiadas y sobre la del
fondo, se amplió o se desarrolló la cabecera, aunque al exterior parece una
sola nave con cubierta a cuatro aguas. Su interior presenta en cambio dos
bóvedas, la de la nave es de cañón apuntado, mientras que la del presbiterio es
de medio cañón, algo rebajada y a una altura más inferior, lo que denota su
posterior desarrollo.
Con motivo de la exclaustración monástica
(1835-1908), dichos humilladeros sufrieron el abandono y la desidia por lo que
sus muros quedaron grieteados y casi derruidos hasta la llegada de la Orden
Franciscana que, en 1967, bajo la dirección de fray Javier Beltrán Arrieta,
párroco de Guadalupe, se llevo a cabo dicha reforma, concluyendo felizmente en
1978 con la entronización, en este caso, de la Santa, durante el mandato de fray Daniel Maya
García [11].
[1] LEÓN DE
GUERRA, Felipe, “Guadalupe en 1815”, en Virgen
y Mártir Ntra. Sra. de Guadalupe. Recuerdos y añoranzas. Badajoz, 1895.
[2] SALCEDO
HERNÁNDEZ, José Carlos y SAUMELL LLADO, Juan, “Trazados gráficos generadores de
los Humilladeros”, en Guadalupe, 840
(2014) 10-15.
[3] ECIJA,
Diego de OSH., Obr. cit. p. 123.
[4]
HERNÁNDEZ GIL, Dionisio, “Las arquitecturas del Real Monasterio de Guadalupe:
su importancia en el patrimonio artístico de Extremadura”, en Modelos arquitectónicos del Real Monasterio
de Guadalupe. Sevilla, 2004, p.14.
[5]
RODRÍGUEZ GAMINO, Juan José, “El humilladero, un trozo de historia rescatado”,
en Guadalupe, 685 (1987), pp.20-21.
GARCÍA, Sebastián., “Guadalupe: Santuario, Monasterio
y Convento”, en Guadalupe: Siete siglos
de fe y de cultura. Arganda del Rey (Madrid), 1993, pp.58-59.
[6] KAGAN.
R.L., (Dir.), Ciudades del Siglo de Oro:
Las vistas Españolas de Anton Van den Wyngaerde. Torrejón de Ardoz
(Madrid), 1986, pp.342
[7]
TALAVERA, Gabriel, Obr. cit. p.9
[8]
ANÓNIMO, “Cincuentenario de la restauración de la antigua ermita de San Blas”,
en Guadalupe, 731 (1995), p. 26. Se
reproduce el texto de la Crónica del Real
Monasterio de Santa María de Guadalupe (Libro 1º (1908-1957) sobre la
inauguración de la ermita ya restaurada, el 3 de febrero de 1945. Aunque en el
número 326 de El Monasterio de Guadalupe,
año 1942, página 45 se nos ofrece un magnífico documento gráfico de la ermita
de San Blas antes de su restauración, en la que se aprecia que no existía la
cabecera por la luz que traspasa entre el vano de la puerta y el del testero,
ambos abiertos.
[9] JORGE
VILLA, José Antonio, “Camino de Cañamero a Guadalupe (Ruta de Isabel La
Católica) I”, en Guadalupe, 810
(2008), pp.25-26.
[10] RUBIO,
Germán, O.F.M., Historia de Ntra. Sra. de
Guadalupe. Barcelona, 1926, p.130
[11] JORGE VILLA, J.A. Art, cit., p.26.
jueves, 31 de marzo de 2016
SAN JUAN DE AVILA, PEREGRINO EN GUADALUPE
San Juan de Ávila (Almodovar del
Campo, 1500 – Montilla, 1569) maestro, predicador apostólico y consejero de
santos, la mayoría romeros de Santa María de Guadalupe, fue hijo de una
acaudalada familia. Su padre, Alonso de Ávila, de origen judío y de Catalina
Xixón, muy cristianos y piadosos, que sentían una gran devoción por Santa María
de Guadalupe, a la que visitaban con frecuencia por ser una imagen de
grandísima devoción en España.
Ya
desde su más tierna infancia Juan de Ávila da muestra de espiritualidad,
sacrificio y entrega, desde que se va a Salamanca a estudiar leyes, o en 1520
cuando se fue a estudiar “Artes” en la Universidad de Alcalá de Henares, donde
entra en contacto con el humanismo del siglo de Oro español, consigue el título
de Bachiller y empezó el estudio de la Sagrada Teología.
Allí
conoció a don Pedro Guerrero, posteriormente arzobispo de Granada, donde
prosigue su formación teológica alcanzando el grado de Maestro en 1537.
Pero
antes, en su camino hacia la santidad, Juan de Ávila, tiene que aceptar la
perdida de sus queridos padres. Este hecho luctuoso hace que se entregue
durante tres años a la oración y meditación, ordenándose posteriormente
sacerdote. Su primera misa, la celebra en Almodóvar del Campo, en honor de sus
padres y reparte entre los pobres sus cuantiosos bienes, quedando para sí más
que “un vestido de paño bajo”, cumpliendo así su deseo de ir a predicar el
Evangelio sin bolsa ni alforja, a los nuevos cristianos del continente
americano.
Pero
como los caminos de Dios son inescrutables, Juan de Ávila, no pudo embarcar por
orden del Arzobispo hispalense y gran inquisidor, don
Alonso Manrique, teniendo que quedarse “en las Indias del Mediodía Español”,
donde traba una profunda amistad con los dominicos de Sevilla.
A
pesar de ello, Juan no se desanimaría y lleva a cabo su maravillosa obra
sacerdotal, predica tanto al clero como al pueblo encendiendo las almas y
corazones de todos los que escuchan, llevando templos, plazas públicas, calles,
hospitales, a todos lanza su palabra, como lluvia, con paz y verdad, como
dardos penetrantes.
Eso
le ocurrió a San Juan de Dios en 1537, cuando oyendo su predicación quedó tan
tocado y fuera de sí que este mercader se hizo el loco para sentir la
humillación y el desprecio de si mismo por su vida anterior. Abrasado por las llamas
del divino amor, pedía a Dios misericordia, convirtiéndose desde ese momento en
el pastor y defensor de las personas más
miserables y pobres, que recoge en su casa de Granada. De esta forma nace entre
el discípulo más amado y el maestro una amistad inquebrantable, guiándole hasta
que San Juan de Dios peregrina a Guadalupe.
Juan
de Ávila, sufre en 1531, un proceso
inquisitorial por calumnia que le lleva a la cárcel durante un año, lo que le
une aún más a Cristo crucificado, en santidad y fortaleza de fe.
Por
ello, no tendrá reparo en empezar una y otra vez, prepara misiones a
Extremadura, Córdoba, Granada, la Mancha. Funda colegios, escuelas para
revitalizar la Iglesia o retirarse a Montilla cuando la enfermedad no le deja,
en una modesta y sencilla casa, donde respira pobreza evangélica y espera a la
hermana muerte para gozar de la contemplación de la gloria.
En
1946 Pío XII le declara Patrono principal del Clero secular español.
viernes, 26 de febrero de 2016
HERNÁN CORTÉS Y EL EXVOTO DE LA JOYA ESCORPIÓN REGALADA A LA VIRGEN DE GUADALUPE
![]() |
| Hernán Cortés |
Si conocidas son sus hazañas en el nuevo mundo con la conquista de Méjico, quizás lo es menos su devoción a la Virgen de Guadalupe, las veces que se encomendó a ella, los regalos o exvotos que le envió y su peregrinación al santuario en 1.528.
Uno de los exvotos (ofrenda que los fieles donan a Dios, la Virgen o los santos en agradecimiento a un beneficio recibido) más curiosos que Hernán regaló a la virgen fue una joya en forma de alacrán o escorpión que le trajo de Méjico, realizada por orfebres nativos. El regalo fue debido a la milagrosa curación de Hernán Cortés tras la picadura de este animal y encomendarse éste a la Virgen de Guadalupe.
La primera descripción de la joya se la debemos al prior Jerónimo Fray Gabriel de Talavera en su Historia de Nuestra Señora de Guadalupe (1.507), refiriéndose a él de esta manera:
"...un escorpión de oro, engaste de otro verdadero que encierra. Ofrecióle Fernándo Cortés Marqués del Valle, honra, valor y lustre de nuestra España. Dio ocasión a esta dádiva el milagro famosos, que en su defensa obró Nuestra Señora: habiéndolo mordido un escorpión y derramando tanto veneno por su cuerpo, que le puso en peligro de perder la vida. Puesto en este estrecho, volvió los ojos a Nuestra Señora suplicándole le acudiera en tanta necesidad. Fue su majestad servida de oir su petición, no permitiendo pasara adelante el daño. El famoso capitán, agradecidísimo de la merced, vino de lo más remoto de las Indias a esta Santa Casa, año de 1.528 y trajo este escorpión de oro y el que le había mordido dentro. Es este engaste y pieza de mucho valor, y de maravillosos artificio en que los indios se aventajaron"
Una descripción más detallada, hace el Padre Fray Francisco de San José en su Historia Universal de Nuestra Señora de Guadalupe (1.743):
"...es de oro con algún mosaico azul, verde y amarillo, con 43 esmeraldas muy claras, grandes y hermosas, las más de ellas grabadas con mucha extrañeza y que tiene también 4 perlas, dos colgantes y otras dos presas en las garras del escorpión, añadiendo que este es hueco y tiene dentro el que mordió a Cortés"
Y por último, encontramos un curioso dibujo de la joya en un documento conservado en el Archivo del Real Monasterio de Guadalupe y denominado Inventario de las Alhajas de la Virgen de Guadalupe, anónimo y realizado en 1778. Actualmente se puede ver una copia de esta hoja del inventario en el Museo de la Hispanidad de la Asociación de Caballeros de Santa María de Guadalupe, situado en la Calle Barrero.
Actualmente y tras investigaciones recientes y más antiguas, se desconoce el paradero de esta joya después de la desamortización.
| Dibujo del exvoto de la Joya- Escorpión que Hernán Cortés regaló a la Virgen de Guadalupe en 1.528. (Inventario de las Alhajas de la Virgen de Guadalupe , 1.778) |
Para quienes queráis profundizar más en el tema, os dejamos dos enlaces:
El primero y más antiguo corresponde a un artículo denominado "¿El Exvoto de Don Hernando Cortés?"´, escrito, e 1.942 por Federico Gómez de Orozco, historiador, bibliófilo, investigador y académico mejicano, nacido en 1.891. De él se ha obtenido el pequeño resumen escrito en este blog.
Enlace: http://www.analesiie.unam.mx/pdf/08_51-54.pdf
El segundo profundiza en la historia de la picadura o mordedura de Hernán Cortés por el escorpión, e incluye una interesante disertación, desde el punto de vista biológico y zoológico en cuanto al animal que pudo herir al conquistador. Se denomina "Hernán Cortés y la joya del alacrán" y está realizado por Xavier López Medellín, Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Nacional Autónoma de Méjico. Actualmente trabaja en el Centro de Investigación y Biodiversidad y Conservación de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.
Enlace: http://medellinhistoria.com/data/sections/12/docs/1407259666.pdf
El primero y más antiguo corresponde a un artículo denominado "¿El Exvoto de Don Hernando Cortés?"´, escrito, e 1.942 por Federico Gómez de Orozco, historiador, bibliófilo, investigador y académico mejicano, nacido en 1.891. De él se ha obtenido el pequeño resumen escrito en este blog.
Enlace: http://www.analesiie.unam.mx/pdf/08_51-54.pdf
El segundo profundiza en la historia de la picadura o mordedura de Hernán Cortés por el escorpión, e incluye una interesante disertación, desde el punto de vista biológico y zoológico en cuanto al animal que pudo herir al conquistador. Se denomina "Hernán Cortés y la joya del alacrán" y está realizado por Xavier López Medellín, Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Nacional Autónoma de Méjico. Actualmente trabaja en el Centro de Investigación y Biodiversidad y Conservación de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.
Enlace: http://medellinhistoria.com/data/sections/12/docs/1407259666.pdf
Como veis, más curiosidades sobre Guadalupe, la Virgen y sus peregrinos que seguiremos publicando en este blog dedicado al Año Santo Guadalupense.
martes, 23 de febrero de 2016
EL PUENTE DEL ARZOBISPO Y GUADALUPE
EL PUENTE DEL ARZOBISPO
El Puente del Arzobispo
Madrid, 1924.
“Corría el último tercio del siglo XIV; todavía los
jerónimos no habían tomado posesión del
Santuario de Guadalupe que gobernaba su
último prior secular Don Juan Serrano bajo la dependencia del famoso arzobispo
de Toledo Don Pedro Tenorio. El gran número de peregrinos que desde las partes
de Castilla acudían con frecuencia al Santuario, tropezaban en su camino con
caudaloso Tajo que habían de pasar en frágiles barcas y con los consecuentes
peligros y dificultades.
Fue el mismo Arzobispo quien tocó estos
inconvenientes en sus frecuentes viajes, y ellos le movieron a levantar sobre
el Tajo el grandioso puente que inmortalizó su nombre. Todavía, entre los
pueblos mayormente beneficiados por aquella grandiosa obra, se conserva la
sencilla, y encantadora leyenda que dio origen al Puente del Arzobispo.
Don Pedro
Tenorio, Arzobispo de Toledo. Primado de España (1377-1399)
Don Pedro Tenorio hubo de pasar el Tajo en una de
sus mayores crecidas; el aspecto del río era imponente, y por otra parte era
preciso atravesarlo por la urgencia del viaje. Lucharon los barqueros con las
olas y la travesía se hizo con mucha dificultad: en medio de la brega uno de
los barqueros se dirigió en espontáneo arranque al Arzobispo, diciéndole:
“Señor , si vos quisiérais pronto tendríamos aquí un puente que nos librara de
tanto peligro”. –No debía don Pedro pensar por entonces en la construcción del
puente, pues tomando su anillo pastoral y arrojándolo al río, contestó al
barquero: “Aquí habrá puente cuando ese anillo vuelva a mi poder”.
De vuelta de su viaje, pasado el Tajo, paróse el Arzobispo
a descansar en una hostería próxima al famoso río, y, llegada la hora de
la comida presentáronle un magnífico pez
procedente del Tajo. Al partirlo el Arzobispo, vio con natural asombro que en
su interior aparecía el anillo pastoral que pocos días antes arrojara al río
antes el requerimiento del barquero. El
hecho se propagó muy pronto entre los moradores de la hostería y por toda la
región, y don Pedro Tenorio, viendo comprometida su palabra por tan
extraordinario suceso, empezó las obras del puente.
La munificencia de don Pedro Tenorio legó a la
posteridad crecido número de grandiosas construcciones que todavía atestiguan
el espíritu emprendedor y generoso de aquel prelado. De él dice la Crónica de
Don Juan II que “edificó el puente de San Martín de Toledo, y el castillo de
San Serván que es encima de la puente de Alcántara, y la puente que dicen del
Arzobispo en el camino de Guadalupe, y el Monasterio de Santa Catalina de la
Orden de San Jerónimo y la Iglesia Colegial en Talavera y otros muchos
edificios en las villas y lugares de su arzobispado”[2].
Puente del
Arzobispo, después de su reestructuración efectuada en 1853.
Las obras del puente del Arzobispo se empezaron en junio de 1383 en terreno de la
jurisdicción de Alcolea de Tajo. Quizá
pasó por allí dos años más tarde Don Juna I, camino de
Portugal, para la desdichada batalla de Aljubarrota, y tanto le agradó la obra
del puente, que entonces , o en 1390 según asegura Madoz, concedió toda clase
de franquicia a los que viniesen a poblar aquel paraje, al que dio el nombre de
Villafranca, que más tarde se convirtió en el actual de Puente del Arzobispo
que recuerda a un tiempo aquella grandiosa obra y la generosidad del que la
construyó.
Sobre los principios y destino de tan interesante
construcción hemos hallado en este Archivo unas cartas autógrafas de don Pedro
Tenorio, que publicamos a continuación. Dice la primera[3]:
“Nos, el Arçobispo de Toledo fasemos saber a vos
Johan Millán, proveedor de la eglesia de Sancta María de Guadalupe, que Nunno
Martines e Alfonso Ferrandes, vesinos de la Puebla de y Guadalupe, venieron a
Nos aquí, a la nuestra villa de Talavera a ser abenir con nosotros por la cal
que an de faser para la obra de la puente que Nos mandamos faser en Alcolea. E
dixéron nos que avían luego menester adelantados trescientos maravedís. E, por
quanto los non conoçiamos, non gelos mandamos dar fasta que nos diesen fiadores
por ellos. Por que vos rrogamos que los dichos Nunno Martines e Alfonso
Ferrandes, dándovos fiadores, por los dichos trescientos maravedis, que nos los
servirán e merecerán en la obra de la dicha cal, que los resçibades dellos; e
que nos prestedes los dichos tresientos
maravedis e gelos dedes e paguedes a los dichos caleros. E dadles luego
recabdo de los dichos maravedis, e
fasedles que partan luego dende en toda manera, a la dicha lauor e non
se detengan y. E vos, dándoles los dichos tresientos maravedis, Nos vos los
mandaremos luego pagar. E, en esto, nos faredes serviçio e placer.
Fecha en la nuestra villa de Talavera, catorse días
de mayo era de mill quatroçientos veynte e uno annos. Petrus, Archiepiscopus
Toletanus.
Otrosi, cada noche e cada mannana, faser saber a
todos esos romeros en como Dios queriendo, se començará a faser la puente, a
reverencia e onor de Santa María de Guadalupe, la primera selmana de junio. Por
ende, si ay algunos que quieran venir (a) servir a la dicha puente por sus
jornales, que vengan y, asi omes commo mugeres, ca en mejor obra no pueden
servir que en esta puente por do pasan los romeros dela Sennora. (Rubrica)”.
Esta carta contiene datos preciosos por lo que se
refiere a Guadalupe: en primer lugar es muy significativo que Don Pedro Tenorio
acudiese a Guadalupe en busca de maestros caleros para la obra del puente; este
hecho atestigua lo perfeccionadas que se hallaban aquí para aquella fecha todas
las industrias auxiliares del arte de construir. Aparte de esto, échase de ver
en la carta la solicitud y entusiasmo que el prelado ponía en su obra y más
importante de la carta, no sólo por hablarnos del gran número de peregrinos que
en el siglo XIV acudían al Santuario, sino por asegurar expresamente el
arzobispo que el puente se construía “a reverencia e onor de Santa María de
Guadalupe” y para comodidad de los “romeros de la Señora”. ¡Bien demostraba su
predilección por este Santuario aquel arzobispo de Toledo que seis años más
tarde había de confiarlo a la custodia de los jerónimos, que por la piedad y
por el arte llegarían a convertirlo en el verdadero santuario nacional!
El 29 de Junio del mismo año de 1383, escribía de
nuevo Don Pedro Tenorio a Juan Millán comunicándole que los caleros le habían
entregado cuatro hornadas de cal para la obra, e insistiendo en que se llevasen
los trabajos con toda actividad. He aquí el tenor de su carta:
“Nos el arçobispo de Toledo fasemos saber a vos
Johan Millán veedor de la iglesia de Santa María de Guadalupe, que Pedro
Ferrandes de Villegas contador mayor de
nuestro Señor el Rey, nos enbió rrogar
que le diésemos un quintal de fierro e seys libras de asero para lo
enviar y, e bien nos ploguiera de vos enviar luego el dicho fierro e asero,
salgo porque aun no nos an traído fasta agora el fierro que nos an de traer;
pero, diso queriendo, esta selmana será aquí, e vos enbiar por ello a un ome
aquí a la nuestra villa de Alcolea, e darselo a Diego Andrés, abat de Sant
Viçente de la Sierra, ca Nos le mandamos que diese el dicho fierro e asero al
ome que vos enbiásedes por ello. Otrosi saber que de los trescientos maravedis
que distes por nuestro mandado a Nuño Martines e Alfonso Ferrandes, caleros, para que nos diesen cal,
que nos an entregado ay quatro fornadas de cal e an merecido los dichos
maravedis; por ende dar los a romper el contracto que sobre ssi vos otorgaron
destos trescientos maravedis, pues que ya somos dellos entregados en la dicha
cal. Otrosi diseronnos que teniendo cogido a soldada a Johan Sánches, yerno de
Pedro Martín el çiego para que les ayudase a faser la cal que an de faser para
la obra de la nuestra puente, e aviéndole pagado su soldada adelantada de un
mes, dis que se fue allá a tener la fiesta de Sant Johan, e que fasta aquí que
no es venido; por lo qual, por su mengua, ellos non pueden facer la dicha cal e
nuestro servicio non se cumple. Por que vos mandamos que luego en punto, visto
este nuesro albalá, le apremiedes que venga
a faser la dicha cal con los sobredichos, e que se non detengan y punto
nin mas, porque nuestro servicio sea cumplido. En otra manera, si lo asi faser
e complir non quisiere, fasedlo prender el cuerpo e enbiadlo preso e bien
rrecabdado a su costa, a los dichos Nuño Martines e Alfonso Ferrandes porque
merezcan la soldada que tienen pagada e sirvan con los sobredichos en faser la
dicha cal. E non fagades ende al.
Scripta en la nuestra villa de Alcolea XXIX días de
junio. Petrus. Archiepiscopus Toletanus”.
El carácter enérgico de don Pedro Tenorio no sufría
retrasos en las obras que traía entre manos. Pedro Rodríguez de Burgos, su
casero en Toledo, conservó en una de sus cartas interesantes noticias sobre el
asunto que nos ocupa; con fecha 12 de Febrero de1384 y constestando a Juan
Millán que le había pedido un maestro cantero para que trabajase en este
Santuario de Guadalupe, le dice entre otras cosas, lo siguiente: “Otrosy del
pedrero que desides que fable con él e vos lo envíe allá, sabed que nuestro señor
el Arçobispo que mandó cerrar el taller e que non labre ninguno en él, que
todos los pedreros a tomado el Arçobispo para que labren en la su puente de Alcolea e en la puente de Guadarrama que manda faser, e en
la puente de Sant Martín de aquí de Toledo. E asy sabed que de aquí non podedes
aver pedrero nenguno, que sy más obviese, mas serían menester para estas obras
que el dicho señor tiene començadas”[4].
La construcción del puente del Arzobispo se concluyó
en Septiembre de 1388, según una inscripción conservada por Quadrado, que hace
de aquella obra la siguientes descipción: “ Cuatro de sus arcos se añadieron o
reedificaron en 1770, compitiendo en solidez con la obra antigua. Sus dos
torres se alzan unos cien pies sobre el nivel del río en los tercios del
puente, abarcando la anchura de este y abriendo paso a los transeúntes por bajo de sus arcos ojivales: una escalera
interior permitía a los defensores bajar hasta el río para proveerse de agua.
Sobre la puerta que mira a la villa se lee esta inscripción en bellos
caracteres góticos, en medio de dos blasones del fundador: “Esta puente con las
torres della mandó facer el mucho honrado en Christo Padre e Señor don Pedro
Tenorio por la gracia de Dios Arzobispo de Toledo. Acabose de facer en el mes
de Septiembre del año del Señor de MCCCLXXXVIII año”[5].
Quadrado conservó en su obra un magnífico dibujo del
puente tal como se conservaba en su tiempo; en él aparecen las dos magníficas
torres con ventanas ojivales, coronadas de almenas y defendidas por salientes
barbacanas, siendo a la vez defensa del puente y su mayor ornato. ¡Lastima
grande fue que al hacer la nueva carretera Oropesa-Guadalupe, no se respetaran
tan hermosas y venerables construcciones; con ello se quitó al famoso puente el
sello de la época y el carácter que imprimiera a la obra su generoso fundador
don Pedro Tenorio”.
[1]
GRACIA VILLACAMPA, Carlos, “El puente del Arzobispo para los peregrinos del Norte”, en revista Guadalupe, 659
(1982), pp.168-171.
GRACIA
VILLACAMPA, Carlos, “El Puente del Arzobispo. Don Pedro Tenorio”, en Grandezas
de Guadalupe. Madrid, 1924, pp.139-146.
[2]
Biblioteca de Autores Españoles. Tomo 68: Crónica de Don Juan II.
Generaciones y semblanzas. Cap. XIII, pág. 705.
[3] Va
escrita en una hoja de papel de 160 por 325 mm. con este sobrescrito al dorso:
“A Johan Millán proveedor de la eglesia de Santa María de Guadalupe, por el
Arçobispo de Toledo.
[4] La
carta, escrita en papel, mide 365 por 330 mm. El sobrescrito dice: “A Johan
Millan teniente logar del prior en Santa
María de Guadalupe, de Pedro Rodríguez casero del Arçobispo de Toledo”. Nótese
que mientras el arzobispo llama en sus cartas a Juan Millán veedor o proveedor
de la Iglesia de Guadalupe, algunos
meses más tarde se le llama en esta “teniente logar de prior” del
Santuario.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








